Ferran Torres y el divorcio de sus padres: “Tenía 12 años, no supe como afrontarlo, cada domingo lloraba”

Ferran Torres ha hablado de una de las etapas más difíciles de su infancia como el divorcio de sus padres cuando tenía 12 o 13 años. El delantero del Barça reconoce que aquel momento fue un shock porque todavía era demasiado pequeño para entender lo que estaba pasando y no disponía de herramientas para gestionar una ruptura familiar que cambió por completo su rutina.

La separación coincidió además con su entrada en la residencia del Valencia. Aunque vivía relativamente cerca, decidió instalarse allí para continuar su formación junto a otros jóvenes. La situación le generaba vergüenza y evitaba explicar a sus compañeros por qué estaba interno. Llegó incluso a inventarse que Foios estaba mucho más lejos para no tener que hablar del verdadero motivo.

Los domingos eran el peor momento de la semana

El momento más duro llegaba cada domingo por la noche. Después de pasar el fin de semana con su familia, uno de sus padres lo llevaba nuevamente a la residencia. Ferran sabía que no volvería a verlos hasta el viernes o el sábado siguiente y rompía a llorar. Tenerlos geográficamente cerca, pero emocionalmente lejos, hacía todavía más difícil aquella despedida semanal.

Ferran Torres   instagram (14)
Ferran Torres instagram (14)

“Era llorar, llorar y llorar”, ha recordado. El fútbol se convirtió entonces en una especie de refugio. Durante la semana entrenaba, estudiaba y convivía con otros chicos que también estaban lejos de sus familias. Esa burbuja deportiva le permitió concentrarse en un objetivo, aunque no eliminó el dolor que sentía cada vez que regresaba a la residencia.

Una experiencia que le obligó a madurar antes

Con los años, Ferran ha aprendido a mirar aquella etapa desde otra perspectiva. No niega lo difícil que fue ni pretende romantizarla, pero entiende que le obligó a desarrollar autonomía muy pronto. Tuvo que aprender a convivir con la tristeza, organizar su vida lejos de casa y encontrar apoyo en personas que atravesaban situaciones parecidas.

El delantero considera que aquella experiencia contribuyó a formar la persona que es hoy. El niño que lloraba cada domingo acabó convirtiéndose en futbolista profesional, pero la herida familiar quedó como uno de los recuerdos más intensos de su adolescencia. Ferran habla de ello porque entiende que madurar no siempre significa dejar de sentir, sino aprender a convivir con emociones que en ese momento parecían imposibles de explicar. Por eso, cuando recuerda aquella época, no habla solamente de fútbol: habla de miedo, silencio, distancia y adaptación, de un adolescente que tuvo que hacerse fuerte antes de tiempo mientras perseguía un sueño muy grande.