Hacer la cama nada más levantarse parece una costumbre ordenada y saludable, pero algunos expertos recomiendan esperar un poco antes de colocar sábanas, mantas y edredón. Durante la noche, el cuerpo libera calor y humedad, especialmente a través del sudor y la respiración, y parte de esa humedad queda atrapada entre la ropa de cama y el colchón.
Si cerramos inmediatamente la cama, esa humedad tarda más en evaporarse. No significa que hacerla temprano sea peligroso, pero sí que dejarla abierta durante un rato puede favorecer la ventilación. Esto resulta especialmente interesante en habitaciones húmedas, durante el verano o en personas que sudan bastante mientras duermen, porque los ácaros prosperan mejor en ambientes cálidos y húmedos.
La humedad es el verdadero problema
Los ácaros del polvo viven habitualmente en colchones, almohadas, alfombras y textiles. Organismos sanitarios recomiendan reducir la humedad de la vivienda mediante ventilación y mantenerla por debajo del 50% cuando sea posible. Dejar la ropa de cama retirada temporalmente puede ayudar a que el calor y la humedad acumulados durante la noche se disipen.

Eso no significa que dejar la cama deshecha elimine los ácaros. Los especialistas advierten de que esta medida, por sí sola, tiene un efecto limitado. Para reducir realmente su presencia resultan más importantes otras acciones al controlar la humedad de la habitación, lavar periódicamente la ropa de cama y mantener limpios colchones, almohadas y superficies textiles.
Esperar un rato puede tener más sentido
Una opción sencilla consiste en levantarse, retirar ligeramente el edredón o las mantas y ventilar la habitación mientras nos duchamos, desayunamos o nos preparamos para empezar el día. Después, cuando la cama haya perdido parte de la humedad acumulada, podemos hacerla normalmente. No existe una cantidad de minutos universal que garantice un beneficio concreto.
La recomendación cobra todavía más sentido después de una noche especialmente calurosa o si las sábanas están húmedas al despertarnos. En esos casos, cubrir inmediatamente el colchón puede dificultar el secado. La idea no es abandonar para siempre el hábito de hacer la cama, sino cambiar ligeramente el momento. Ventilar primero y ordenar después permite conservar la sensación de limpieza y, al mismo tiempo, evitar que la humedad nocturna quede atrapada innecesariamente entre los textiles. Es un gesto sencillo que no requiere comprar nada ni cambiar rutinas.