Cuando la casa ya está fresca, muchas personas apagan el aire acondicionado pensando que así ahorran más. Parece una decisión lógica, porque si el aparato deja de funcionar, deja de consumir. Sin embargo, los expertos en ahorro energético recuerdan que no siempre es la mejor estrategia. En días de mucho calor, apagar y encender constantemente puede acabar siendo menos eficiente que mantener una temperatura estable.
Y es que el aire acondicionado consume mucho cuando tiene que enfriar una vivienda que ya se ha calentado demasiado. Si se apaga por completo durante varias horas, las paredes, los muebles y el aire interior vuelven a acumular calor. Después, cuando se enciende de nuevo, el equipo debe trabajar con más intensidad para recuperar la temperatura perdida. Ahí es donde muchas personas creen que han ahorrado, pero en realidad han obligado al aparato a hacer un esfuerzo mayor.
La clave está en mantener, no en enfriar desde cero
La realidad es que, si la casa ya está fría, puede ser más inteligente subir unos grados el termostato en lugar de apagar el aparato por completo. Por ejemplo, mantenerlo en torno a 26 o 27 grados permite conservar una sensación agradable sin exigir demasiado al equipo.
De este modo, el aire acondicionado trabaja de forma más suave y evita grandes picos de consumo. No se trata de dejarlo encendido todo el día sin control, sino de usarlo con criterio cuando la temperatura exterior es muy alta y la vivienda pierde frescor rápidamente. Además, muchos aparatos actuales tienen modo eco, modo noche o sistemas inverter que están diseñados precisamente para mantener temperatura con menos gasto. Apagarlos y encenderlos continuamente puede impedir que funcionen de la manera más eficiente.
No todas las casas necesitan lo mismo
Eso sí, la recomendación depende mucho del tipo de vivienda. Una casa bien aislada puede conservar el fresco durante horas, mientras que un piso soleado, con mala orientación o ventanas antiguas se calienta mucho más rápido. También importa cuánto tiempo se va a estar fuera. Si sales todo el día, apagarlo tiene sentido. Pero si solo vas a dejar una habitación un rato, quizá conviene subir la temperatura en lugar de cortar completamente el sistema.
Así pues, ahorrar con el aire acondicionado no consiste siempre en apagarlo. A veces, la mejor decisión es mantener la casa estable, evitar picos de calor y usar el termostato con cabeza. Porque enfriar desde cero una vivienda recalentada puede salir más caro que conservar el frescor que ya habías conseguido.
