Dormir con ventilador puede aliviar mucho las noches de calor, pero colocarlo frente a la cama y dirigir el aire directamente al cuerpo no suele ser la mejor opción. Aunque no provoca enfermedades por sí mismo, una corriente continua puede resecar los ojos, la garganta y la piel, además de resultar incómoda cuando la temperatura baja durante la madrugada.
La alternativa más recomendable es utilizar el ventilador para mover el aire de toda la habitación. Puede colocarse a cierta distancia, orientado hacia una pared, el techo o una esquina, de modo que la corriente rebote y se distribuya con más suavidad. Así se mantiene la sensación de frescor sin recibir aire intenso durante varias horas seguidas.
El aire indirecto refresca sin golpear siempre la misma zona
La función oscilante también ayuda porque evita que el flujo permanezca fijo sobre la cara, el cuello o la espalda. Si el aparato permite regular la potencia, conviene comenzar con una velocidad media y reducirla antes de dormir. Una corriente demasiado fuerte puede aumentar la sensación de sequedad y hacer que la persona se despierte con molestias.
Otra opción útil consiste en colocar el ventilador cerca de una ventana abierta cuando el aire exterior es más fresco que el interior. Puede orientarse hacia dentro para introducir aire fresco o hacia fuera para expulsar el aire caliente acumulado. Esta estrategia funciona mejor al anochecer y durante la madrugada que en las horas de máximo calor.
El temporizador evita enfriar demasiado la habitación
Muchos ventiladores incorporan temporizador, una función especialmente práctica durante la noche. Programarlo para que se apague después de una o dos horas permite conciliar el sueño con más comodidad sin mantener la corriente activa hasta la mañana. Si el calor continúa, puede utilizarse una velocidad baja o el modo nocturno.
La realidad es que el ventilador no enfría el aire como un aparato de aire acondicionado, sino que aumenta la evaporación del sudor y mueve el ambiente. Por eso, su colocación importa tanto como la potencia. Mantener las aspas limpias, evitar que apunte directamente a la cama y favorecer una circulación suave permite dormir mejor. También conviene beber agua, utilizar ropa de cama ligera y cerrar persianas durante el día para que el dormitorio acumule menos calor antes de acostarse.
