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Esther Expósito ha hablado con mucha sinceridad sobre una etapa de su vida que recuerda como especialmente complicada: la adolescencia. En una entrevista con Vogue, la actriz reconoció que durante aquellos años fue excesivamente dura consigo misma y que esa forma de tratarse terminó afectando a su bienestar. “Soy muy dura conmigo. Me castigo de una forma un poco tóxica y negativa”, explicó.

Expósito admite que esa exigencia interna ya estaba muy presente durante el instituto. “Ya en el instituto lo pasé muy mal”, contó. Le costaba encontrarse, sentirse cómoda consigo misma y construir un entorno en el que se sintiera acompañada. Las amistades tampoco ayudaron demasiado y llegó a sentirse bastante sola.

En Vogue habló de una etapa marcada por la inseguridad

La actriz explicó que durante esos años no encontraba demasiadas cosas que la motivaran. Esa sensación de desconexión, sumada a su manera tan exigente de evaluarse, hizo que el instituto se convirtiera en una etapa difícil. “Me costó mucho encontrarme y sentirme bien conmigo misma”, reconoció en la entrevista.

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También señaló que se sentía poco estimulada por las clases y que su cabeza estaba en otro lugar. Mientras estudiaba, ya tenía claro que quería dedicarse a la interpretación y esa diferencia entre lo que hacía y lo que realmente quería hacer aumentaba su frustración.

En RTVE explicó que estudiar le generaba ansiedad

En otra entrevista, esta vez en RTVE, Expósito contó que quiso terminar al menos Bachillerato mientras intentaba abrirse camino en la interpretación. Ese equilibrio no fue sencillo y terminó generándole nervios y ansiedad. “No me gustaba el instituto, ninguna asignatura me motivaba. Yo quería ya estar trabajando, estar enfocada completamente en lo mío”, explicó. Su vocación estaba muy clara, pero todavía tenía que cumplir con una etapa académica que sentía como una obligación.

Con el tiempo consiguió encaminar su carrera hacia la interpretación, pero cuando mira atrás no idealiza aquellos años. Habla de soledad, inseguridad, ansiedad y una autoexigencia que reconoce como poco saludable. Su reflexión resulta especialmente significativa porque desmonta la idea de que una adolescencia difícil siempre se explica por lo que ocurre fuera. En su caso, una parte importante del conflicto estaba también en la manera en que se trataba a sí misma y en la dificultad para aceptar quién era y qué quería hacer con su vida.