Muchos trabajadores en España desconocen que la ley les reconoce el derecho a ausentarse del trabajo para formarse sin que eso suponga perder salario ni días de vacaciones. No se trata de una concesión de la empresa ni de un favor, sino de un derecho laboral recogido en el Estatuto de los Trabajadores y que, bien utilizado, puede marcar una diferencia importante en la carrera profesional.

La clave está en entender cómo funciona este derecho, qué límites tiene y en qué casos puede exigirse. Porque existen 20 horas anuales destinadas a formación, pero no todo vale y no todas las situaciones son idénticas. Eso sí, si están bien justificadas, esas horas son en horario laboral y pagadas.

El derecho a 20 horas de formación retribuida

El artículo 23 del Estatuto de los Trabajadores reconoce expresamente el derecho a la formación profesional en el trabajo. En concreto, establece que los empleados con al menos un año de antigüedad en la empresa pueden solicitar hasta 20 horas anuales de formación, que deben ser retribuidas y disfrutarse, siempre que sea posible, dentro de la jornada laboral. Estas horas no pueden descontarse del sueldo ni compensarse con vacaciones o días libres. Además, la formación debe estar relacionada con el puesto de trabajo o con el desarrollo profesional.

Taller de formación en panadería de la multinacional Puratos

No es necesario que la formación la imparta la propia empresa. Puede tratarse de cursos externos, presenciales u online, siempre que tengan un contenido coherente con la actividad profesional. Eso sí, la empresa puede exigir que se acredite la realización efectiva del curso.

Matices importantes que conviene tener claros

La realidad es que este derecho tiene matices que generan muchas dudas. Para empezar, las 20 horas no son acumulables indefinidamente, si no se usan, se pierden al finalizar el año. Y aquí está uno de los puntos clave, porque muchos convenios amplían este derecho, tanto en horas como en condiciones. De hecho, hay sectores donde se reconocen más horas, menos restricciones o incluso planes formativos obligatorios dentro de la jornada. 

La empresa puede organizar cómo se disfrutan esas horas para no perjudicar gravemente la producción, pero no puede negarlas si se cumplen los requisitos legales.  Con esto, miles de trabajadores podrían formarse cada año sin perder ni un euro y sin tocar sus vacaciones. Y es que la ley dice que la formación no es un privilegio, es un derecho laboral reconocido. De este modo, aprovechar esas 20 horas puede ser una de las decisiones más rentables a medio y largo plazo para cualquier trabajador y la propia empresa.