Llegar a la jubilación con una vivienda en propiedad ha sido durante décadas uno de los grandes objetivos de muchas familias. Sin embargo, cada vez más economistas están planteando una pregunta incómoda pero necesaria: esa casa que tenía todo el sentido a los 40 o 50 años, ¿sigue siendo la mejor opción a los 70? La respuesta no siempre es clara, porque la vivienda no solo es patrimonio. También implica gasto, mantenimiento, accesibilidad y calidad de vida.
Y es que muchos jubilados siguen viviendo en casas pensadas para otra etapa. Pisos grandes, varias habitaciones vacías, escaleras, baños poco adaptados, comunidades caras o viviendas alejadas de los servicios básicos pueden acabar convirtiéndose en un problema. El tema ya no es tener una casa en propiedad, sino no revisar si esa casa sigue encajando con las necesidades reales.
Una vivienda demasiado grande también cuesta dinero
La realidad es que una casa grande no sale gratis aunque ya esté pagada. IBI, comunidad, seguros, suministros, derramas, mantenimiento y pequeñas reparaciones siguen llegando cada año. Y cuanto más antigua o grande es la vivienda, más fácil es que esos gastos aumenten.
De este modo, algunos economistas hablan de patrimonio infrautilizado. Es decir, una persona puede tener mucho valor acumulado en una casa, pero poco dinero disponible para vivir mejor cada mes. Esto ocurre especialmente cuando hay habitaciones que ya no se usan, zonas difíciles de mantener o reformas pendientes que se van aplazando. Además, a partir de cierta edad la accesibilidad empieza a pesar más que los metros cuadrados. Una bañera alta, un tercero sin ascensor o un pasillo mal iluminado pueden ser más importantes que tener una habitación extra.
La decisión no siempre pasa por vender
Revisar si la casa tiene sentido no significa necesariamente venderla. A veces basta con adaptar el baño, mejorar la iluminación, retirar obstáculos, cambiar la distribución o reducir gastos innecesarios. Pero en otros casos sí puede tener sentido mudarse a una vivienda más pequeña, más céntrica, más eficiente o más cercana a familiares y servicios médicos. También hay jubilados que venden una vivienda grande, compran otra más manejable y conservan parte del dinero como colchón para complementar la pensión.
Así pues, los economistas no piden a los jubilados que renuncien a su casa, sino que la miren con ojos actuales. Porque a los 70 años, una buena vivienda no es necesariamente la más grande ni la que más recuerdos guarda, sino la que permite vivir con más seguridad, menos gastos y más tranquilidad.
