Pedir a la empresa que no retenga ni un euro de IRPF puede parecer una locura, pero algunos economistas lo defienden en un caso muy concreto: cuando la ley permite aplicar una retención mínima o incluso cero. La idea no es dejar de pagar impuestos, sino retrasar el pago para disponer antes del dinero, invertirlo durante el año y liquidar después lo que corresponda en la declaración de la Renta.
El matiz es importante, porque el trabajador no puede elegir libremente cualquier porcentaje. La empresa debe calcular la retención según el salario, el contrato y la situación personal comunicada en el modelo 145. Si el resultado legal obliga a retener, no basta con pedir que la nómina llegue íntegra. Lo que sí puede hacerse es revisar que no se esté aplicando una retención superior a la necesaria.
Tener antes el dinero permite moverlo
El argumento financiero es sencillo. Un euro retenido en enero no vuelve hasta la devolución de la Renta, si es que toca devolver. Durante todo ese tiempo, Hacienda lo tiene por adelantado. Si ese dinero se queda en la cuenta del trabajador, puede usarse para reducir deuda, cubrir gastos sin tirar de crédito o invertirlo con prudencia.
@tu_blog_fiscal No pagaría impuestos durante el año, lo haría todo en la declaración.
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Por eso algunos economistas prefieren ajustar la retención al mínimo legal. No buscan una devolución grande, sino evitar prestar dinero gratis durante meses. Una devolución de Hacienda puede parecer una buena noticia, pero muchas veces significa que se ha cobrado menos cada mes de lo que se podía haber cobrado y que se ha perdido capacidad de decisión financiera real.
El riesgo llega en la Renta
Esta estrategia solo tiene sentido para personas ordenadas. Si se cobra más cada mes, hay que reservar una parte para pagar después. De lo contrario, la declaración puede salir a ingresar y convertirse en un problema. El dinero no desaparece: simplemente cambia el momento en que se paga. Por eso conviene calcular antes el impacto anual, no solo mirar la nómina inmediata.
También hay perfiles para los que no conviene. Quien no ahorra, no invierte o vive muy justo puede preferir una retención más alta para evitar sustos. En cambio, quien controla sus cuentas puede beneficiarse de tener liquidez antes durante todo el año. La clave no es pedir cero IRPF a cualquier precio, sino pagar lo justo, en el momento más eficiente y sin olvidar que la Renta acabará ajustando cuentas.