Muchos clientes han tenido alguna vez la sensación de que en ciertos bazares o tiendas de barrio el dependiente los sigue con la mirada o incluso se mueve por el local mientras recorren los pasillos. Para algunos puede resultar incómodo, pero según explica el joven empresario chino con años de experiencia en el sector, esta práctica responde a una realidad que pocos clientes conocen: los robos son mucho más frecuentes de lo que parece.
Asegura que, aunque muchas personas creen que estos establecimientos tienen un margen de beneficio muy amplio, la realidad es muy distinta. “Hay muchísimos más robos de los que la gente imagina. Si no estamos atentos, al final del mes la pérdida puede ser muy grande”, explica. Por ese motivo, en muchos bazares los propios dueños vigilan de cerca lo que ocurre dentro del local.
Robos pequeños que se repiten cada día
El empresario explica que la mayoría de hurtos no son grandes robos organizados, sino pequeños objetos que desaparecen casi a diario. Productos baratos, herramientas pequeñas, accesorios o artículos de papelería suelen ser los más fáciles de esconder.
Según cuenta, el problema no es un único robo, sino la suma de muchos pequeños hurtos a lo largo del día. Una persona se lleva algo de tres euros, otra se lleva algo de cinco. Parece poco, pero si ocurre varias veces cada día, al final del mes es una cantidad muy importante, señala. Por eso muchos propietarios prefieren mantenerse cerca de los clientes mientras recorren la tienda. No se trata necesariamente de sospechar de todos, sino de evitar oportunidades para quienes entran con intención de llevarse algo sin pagar.
Un negocio con márgenes muy ajustados
El joven empresario también explica que el modelo de negocio de muchos bazares funciona con márgenes muy pequeños. Aunque venden gran cantidad de productos, el beneficio por cada artículo suele ser reducido. Eso significa que los robos afectan directamente a la rentabilidad del negocio. De modo que si desaparecen productos cada día, el margen se reduce muchísimo.
En muchos casos, además, los propios dueños trabajan durante largas jornadas dentro del local y son ellos mismos quienes se encargan de vigilar la tienda. Para algunos clientes puede resultar incómodo sentirse observados, pero desde el punto de vista del comerciante es una forma de proteger su negocio. Según explica este empresario, la mayoría de clientes no tiene ningún problema, pero la experiencia les ha enseñado que siempre hay alguien que intenta aprovechar cualquier descuido. Y por eso, en muchos bazares, la vigilancia constante se ha convertido en una parte inevitable del día a día.
