Perder fuerza en las manos no siempre empieza con un gran dolor ni con una limitación evidente. Puede aparecer poco a poco, hasta que acciones tan sencillas como abrir un bote, sujetar una botella o girar una llave empiezan a costar más de lo habitual. El reumatólogo Damián Duartes Noé, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Británico, advierte en una entrevista recogida por La Vanguardia de que parte de ese proceso puede comenzar bastante antes de lo que muchos imaginan.
El especialista señala que a partir de los 45 años empezamos a perder masa muscular y que, si esa pérdida afecta también a las manos y se combina con problemas como la artrosis, pueden aparecer menos fuerza y habilidad. No significa que cumplir esa edad implique necesariamente tener un problema, pero sí que conviene prestar atención a pequeños cambios cotidianos que antes pasaban desapercibidos.
Que se te caigan objetos puede ser una señal
Duartes explica que la pérdida funcional de las manos puede tener distintos orígenes. A veces aparece por menor fuerza muscular, pero también puede estar relacionada con dolor articular, deformidades, problemas tendinosos o alteraciones neurológicas. El síndrome del túnel carpiano, por ejemplo, puede provocar hormigueo, adormecimiento y pérdida de fuerza hasta el punto de que algunas personas empiecen a notar que se les caen objetos.

Por eso no todo debe atribuirse automáticamente a "hacerse mayor". La artrosis suele producir un dolor más mecánico, relacionado con el uso de la mano, mientras que otros problemas pueden necesitar un abordaje completamente diferente. Cuando la pérdida de fuerza avanza o empieza a interferir en tareas normales, el especialista recomienda consultar para identificar el origen.
Cinco minutos de ejercicio pueden ayudar a mantenerlas activas
Mantener las manos en movimiento también tiene importancia. Duartes propone ejercicios sencillos que trabajen tanto la fuerza de prensión como la extensión: apretar una pelota de tenis blanda, pellizcar una esponja resistente o utilizar una banda elástica alrededor de los dedos para abrir la mano. Advierte además de que no conviene limitarse únicamente a ejercicios de apretar, porque también es necesario trabajar la elongación.
El propio especialista considera que unos cinco minutos diarios pueden ser suficientes para este tipo de trabajo doméstico. La clave está en no esperar a que abrir un frasco se convierta en una batalla cotidiana para empezar a prestar atención. A partir de cierta edad, la fuerza puede disminuir de forma progresiva y silenciosa, y las manos suelen ser uno de esos lugares donde los pequeños cambios terminan haciéndose visibles en las tareas más simples.