Jude Bellingham ha vuelto a demostrar que, incluso cuando se trata de vacaciones, prefiere la tranquilidad al exceso. Tras el Mundial, el centrocampista ha puesto rumbo a Hawái junto a su pareja para desconectar en uno de esos hoteles de máximo lujo que quedan completamente fuera del alcance de la mayoría. Un enclave rodeado de naturaleza, playas cristalinas y servicios exclusivos donde una semana puede costar fácilmente entre 18.000 y 28.000 euros.
El alojamiento destaca por detalles que explican esas cifras: baños revestidos de mármol, zonas privadas, piscinas de diseño y hasta un enorme acuario integrado en sus instalaciones. Todo está pensado para ofrecer privacidad absoluta y una experiencia alejada del turismo convencional. Bellingham, sin embargo, no parece interesado en convertir sus vacaciones en una exhibición permanente de lujo.
Un hotel pensado para desaparecer del mundo
Hawái ofrece justo lo que el futbolista busca cuando termina una temporada exigente. Paisajes volcánicos, aguas transparentes y kilómetros de naturaleza permiten pasar varios días prácticamente desconectado. En este tipo de complejos, además, la privacidad es una de las prioridades, algo especialmente importante para una estrella reconocida prácticamente en cualquier lugar.
Lo curioso es que las imágenes de Bellingham y su novia podrían pertenecer a unas vacaciones mucho más normales. Frente a otros futbolistas que aparecen rodeados de fiestas, grandes clubes privados o botellas de champán, el inglés disfruta de baños en la playa, excursiones por la naturaleza y momentos mucho más sencillos.
Juegos de cartas y hamaca pese al lujo
Una de las escenas que mejor resume sus vacaciones es la pareja jugando a las cartas mientras descansa en una hamaca junto a la piscina. Una actividad completamente corriente dentro de un entorno que no tiene absolutamente nada de corriente. El contraste explica buena parte del estilo de Bellingham fuera del fútbol: acceso a todos los lujos, pero preferencia por planes bastante tranquilos.
El precio del alojamiento demuestra, en cualquier caso, que se trata de una experiencia reservada para muy pocos. Pasar siete días puede equivaler al salario anual de muchas familias, especialmente si se añaden vuelos, restauración y actividades privadas. A cambio, el hotel ofrece un nivel de exclusividad difícil de encontrar incluso en destinos turísticos de primer nivel. Bellingham podría escoger prácticamente cualquier lugar del planeta, pero vuelve a sentirse cómodo en este tipo de refugios. El lujo está en cada detalle, aunque sus vacaciones terminan girando alrededor de cosas bastante sencillas: playa, naturaleza, piscina y tiempo con su pareja.
