Lo que para muchos era un lugar olvidado, para otros se ha convertido en una oportunidad única. Un empresario estadounidense ha decidido apostar fuerte por la España rural comprando un pueblo entero abandonado. Lo que parecía una idea arriesgada empieza a transformarse en un proyecto turístico con gran potencial.

Y es que esta historia no habla solo de inversión, sino de tener visión. En plena lucha contra la despoblación, iniciativas como esta demuestran que hay alternativas reales para revitalizar zonas que llevan décadas en el olvido.

De pueblo fantasma a destino turístico

El protagonista es Jason Lee Beckwith, quien adquirió el pueblo de Salto de Castro por 310.000 euros. Este enclave, situado cerca de la frontera con Portugal, fue construido entre los años 40 y 50 por Iberdrola para alojar a trabajadores de una presa hidroeléctrica.

Salto de Castro. Foto: Wikimedia
Salto de Castro. Foto: Wikimedia

Durante décadas tuvo vida, pero quedó completamente abandonado en 1989. Desde entonces, el deterioro fue evidente: casas en ruinas, edificios sin uso y un entorno olvidado. Sin embargo, su estructura seguía intacta, con 44 viviendas, iglesia, escuela, bar, piscinas y otras instalaciones. La realidad es que, al descubrirlo por internet, Beckwith vio algo que otros no habían visto. Según ha explicado, visitar el lugar fue un punto de inflexión personal que le llevó a apostar por su transformación.

Un proyecto ambicioso con impacto local

El objetivo pasa por convertir este antiguo pueblo en un destino vacacional. El plan incluye villas, apartamentos, un albergue con capacidad para más de 180 personas y servicios como restaurante, bar o instalaciones deportivas. Además, se quiere dar un nuevo uso a los espacios existentes. La iglesia, por ejemplo, se transformará en un centro multicultural, mientras que el entorno se adaptará para actividades turísticas y eventos.

Uno de los puntos más llamativos del proyecto es la apuesta por el turismo enológico, con la creación de un viñedo y una bodega propia. La idea es atraer visitantes con experiencias que combinen naturaleza, gastronomía y cultura. La realidad es que este tipo de iniciativas no solo buscan rentabilidad. También tienen un impacto directo en la zona, con la previsión de generar decenas de empleos y atraer inversión. Así pues, lo que comenzó como la compra de un pueblo abandonado se está convirtiendo en un ejemplo de cómo reinventar espacios olvidados. Un proyecto que, si cumple sus previsiones, podría abrir la puerta a nuevas oportunidades en la España rural.