El potos es una de las plantas de interior más populares gracias a su resistencia y a la facilidad con que se adapta a diferentes espacios del hogar. Sin embargo, los expertos recuerdan que no todos los rincones son igual de favorables para su desarrollo. La ubicación, la luz, la humedad y el riego son factores determinantes para que esta planta tropical luzca un follaje denso, brillante y con sus características tonalidades verdes y doradas. Te explicamos cuál es el lugar donde tienes que poner el potos en casa para que crezca más.
El ambiente perfecto para el potos
Aunque el potos es capaz de sobrevivir en ambientes poco favorables, reproducir algunas de las condiciones propias de las selvas tropicales de donde es originario puede marcar una gran diferencia en su crecimiento. Con unos cuidados básicos y una ubicación adecuada, esta especie puede convertirse en una de las protagonistas de cualquier vivienda.

La luz es uno de los elementos más importantes. El potos necesita una iluminación intensa pero indirecta. Cuando se coloca en espacios con poca luz, sigue vivo, pero su desarrollo se reduce. Y es que las hojas se hacen más pequeñas, pierden su variegación y adoptan un color verde uniforme.
En su hábitat natural, las plantas que crecen hacia el dosel de los árboles y reciben una cantidad más elevada de luz desarrollan hojas entre nueve y 13 veces más grandes que las que permanecen en zonas sombrías. Por eso, en casa se recomienda situar el potos cerca de una ventana orientada al este o al oeste, donde la luz llegue filtrada por una cortina. Unas horas de sol suave por la mañana son beneficiosas, mientras que el sol intenso del mediodía puede provocar quemaduras en las hojas. Si la vivienda es especialmente oscura, también se puede recurrir a luz artificial de espectro completo. Además, girar la maceta cada pocas semanas ayuda a evitar que la planta crezca inclinada buscando la luz.
La temperatura, un aspecto a tener en cuenta en casa
La temperatura también tiene un papel clave. Los especialistas recomiendan mantener el potos entre los 18 y los 29 grados durante el día y evitar que baje de los 15 grados por la noche. Igualmente importante es la humedad ambiental, que idealmente debería situarse entre el 50% y el 70%. Aunque soporta el ambiente habitual de muchos hogares, un aire excesivamente seco puede resecar los bordes de las hojas y restarles brillo.

Para recrear este microclima tropical, una buena opción es colocar la planta en baños o cocinas bien iluminados, aprovechar un humidificador o agrupar varias plantas para que generen más humedad a su alrededor. En cambio, hay que evitar las corrientes de aire frío del aire acondicionado y el aire caliente de las calefacciones.
El riego es otro de los aspectos esenciales. Los expertos recomiendan regar abundantemente y esperar a que la capa superior del sustrato se seque antes de volver a hacerlo. Un exceso de agua puede provocar la podredumbre de las raíces, mientras que unas hojas caídas suelen indicar falta de humedad. También es importante utilizar un sustrato ligero y bien drenado, enriquecido con perlita o corteza, y una maceta con agujeros de drenaje.
Un buen crecimiento, la clave del éxito
Para estimular el crecimiento, se puede aplicar un abono equilibrado cada dos meses durante la temporada de crecimiento, evitando fertilizar en invierno. Un exceso de fertilizante puede provocar acumulación de sales y quemaduras en las hojas.
Finalmente, los expertos señalan que las macetas colgantes o las estanterías elevadas permiten lucir sus largos tallos. Mientras que un tutor vertical favorece el desarrollo de hojas más grandes y un aspecto más exuberante. También recomiendan realizar podas ocasionales para mantener la planta compacta y saludable. Hay que recordar que todas las partes del potos contienen cristales de oxalato de calcio, una sustancia tóxica si se ingiere. Por este motivo, es conveniente mantener la planta fuera del alcance de los niños y de los animales domésticos.