Vivir y trabajar en el extranjero suele pintarse como una experiencia enriquecedora y, en muchos casos, una mejora respecto a las condiciones laborales que existen en España. Sin embargo, no siempre es así. Carmen, una española que lleva varios meses viviendo en Ámsterdam, ha compartido una experiencia que recuerda que los derechos laborales no siempre se respetan, incluso en países con reputación de alta calidad de vida. En un vídeo que ha generado debate en redes, Carmen relata cómo en el gimnasio donde trabajó se vio obligada a hacer turnos de hasta 17 horas diarias sin contrato legal, una situación que no solo es injusta, sino que también viola las leyes laborales neerlandesas.

¿Qué dice la ley laboral en los Países Bajos sobre jornadas y contratos?

A diferencia de lo que muchos piensan, los Países Bajos tienen una regulación laboral estricta, comparable a la de otros países de la Unión Europea. Según la normativa neerlandesa, un contrato laboral debe especificar claramente las condiciones de empleo, incluyendo las horas de trabajo, salario, descansos y beneficios sociales. En términos de horas laborales, la ley establece que la semana laboral ordinaria no puede superar las 40 horas en promedio, y existen límites claros sobre el máximo de horas diarias y semanales que un trabajador puede legalmente realizar.

La legislación holandesa establece que, aunque ocasionalmente se puedan programar jornadas largas por motivos excepcionales, trabajar 17 horas seguidas de forma habitual no solo es insalubre, sino ilegal. Además, el Estado exige que los empleadores registren a sus trabajadores con contratos adecuados, ya sea a tiempo parcial o completo, y que cumplan con las obligaciones fiscales y de seguridad social correspondientes.

Un empleado de una empresa especializada en servicios de jardinería, arreglando la zona verda de un parque. DGA / Europa Press
Un empleado de una empresa especializada en servicios de jardinería, arreglando la zona verda de un parque. DGA / Europa Press

La situación que describe Carmen —turnos interminables sin contrato que avale sus derechos— no debería ocurrir ni en España ni en los Países Bajos, lo que demuestra que los abusos laborales pueden darse en cualquier lugar si el entorno de trabajo carece de supervisión o se aprovecha de la vulnerabilidad de los empleados.

Cuando el sueño europeo se enfrenta a la realidad

Lo que le ocurrió a Carmen no es una anécdota aislada; es un recordatorio de que, sin información y sin apoyo legal, cualquier trabajador puede verse atrapado en condiciones laborales injustas. Muchos inmigrantes, ante la necesidad de encontrar empleo rápido, aceptan ofertas sin contrato formal, sin conocer sus derechos o sin tener acceso a asesoría legal, lo que los deja vulnerables.

El caso de Carmen pone de manifiesto dos verdades importantes:

  1. No todo lo “mejor” fuera de España garantiza condiciones laborales justas.

  2. Es fundamental conocer y exigir los derechos que protegen a los trabajadores, tanto en España como en el extranjero.

La experiencia de Carmen en Ámsterdam nos recuerda que viajar para trabajar exige preparación, conocimientos y, sobre todo, redes de apoyo que permitan enfrentar situaciones de abuso laboral sin sentirse solo o desprotegido. Informarse sobre la legislación local y buscar asesoría profesional son pasos esenciales para evitar que una experiencia internacional se convierta en una pesadilla laboral.

Dos empleadas, trabajadores autónomas, en un taller de costura. Foto Vitaly Gariev / Unsplash
Dos empleadas, trabajadores autónomas, en un taller de costura. Foto Vitaly Gariev / Unsplash