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Carles Francino podría escoger prácticamente cualquier destino para desconectar, pero cuando llega el verano suele volver a un lugar mucho más ligado a su historia personal: Altafulla. El periodista, nacido en Barcelona, pasó parte de su infancia y juventud entre Tarragona y este pequeño municipio de la Costa Daurada, con el que mantiene un vínculo muy especial. Allí encuentra justo lo que busca cuando quiere alejarse del ruido: mar, tranquilidad y la posibilidad de pasar desapercibido.

Altafulla apenas supera los 5.000 habitantes y conserva una atmósfera mucho más pausada que otros destinos costeros más masificados. Francino conoce bien sus calles, sus playas y su entorno porque forman parte de sus recuerdos familiares. Su relación con el municipio es tan estrecha que incluso su hijo, el actor Carles Francino, tiene allí una casa y comparte ese mismo apego por la zona.

Altafulla conserva el encanto que Francino busca

Uno de los grandes atractivos del municipio es la Vila Closa, el núcleo histórico fortificado que conserva buena parte de su trazado medieval. Pasear por sus calles permite encontrar fachadas antiguas, rincones tranquilos y una arquitectura que recuerda el pasado del pueblo. En la parte más elevada destaca el castillo de Montserrat, uno de sus símbolos más reconocibles.

platja d'altafulla jorge franganillo

A pocos minutos aparece otro de los grandes motivos para volver: el Mediterráneo. Altafulla cuenta con playas amplias y un ambiente mucho más relajado que el de otros puntos de la costa catalana. Cerca se encuentra también Tamarit, con su castillo junto al mar, además del legado romano de Els Munts.

Un refugio donde todavía puede sentirse uno más

Para Francino, el valor de Altafulla no está únicamente en sus monumentos o en el paisaje. También está en la normalidad. Allí puede caminar, ir a la playa o encontrarse con vecinos sin vivir permanentemente pendiente de su condición de personaje público. Ese sentimiento también explica que haya participado en iniciativas para promocionar el municipio. En 2018, él y su hijo protagonizaron un vídeo institucional mostrando algunos de sus rincones favoritos y ejerciendo prácticamente de anfitriones.

Después de tantos años ligado a la radio y a una vida profesional muy expuesta, Altafulla sigue siendo su lugar de regreso. No necesita buscar una cala escondida en la Costa Brava ni un destino exclusivo. Su refugio está en Tarragona, en un pueblo que conoce desde joven y donde todavía puede disfrutar del verano como uno más.