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Caminar es una de las mejores formas de mantenerse activo después de la jubilación, pero hacerlo siempre en línea recta y sobre terreno completamente plano deja fuera una capacidad importante: cambiar de dirección con seguridad. Girarse para responder a alguien, esquivar un obstáculo, entrar en una habitación o modificar la trayectoria al caminar exige coordinación, equilibrio y control del cuerpo. Precisamente por eso, practicar giros de manera específica puede ser tan útil como sumar más minutos de paseo.

Con la edad, muchas caídas no ocurren necesariamente mientras se avanza recto, sino al girar, frenar o intentar cambiar de sentido demasiado rápido. En ese momento el centro de gravedad se desplaza y el cuerpo necesita reaccionar con precisión. Si esa habilidad apenas se practica, puede deteriorarse aunque una persona camine bastante cada día.

Los giros obligan a trabajar mucho más el equilibrio

Un ejercicio sencillo consiste en caminar unos metros y realizar un giro amplio de 180 grados antes de volver. Al principio conviene hacerlo despacio, sin cruzar bruscamente los pies y cerca de una pared, barandilla o superficie estable por si hace falta apoyo.

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Otra posibilidad es dibujar mentalmente un recorrido en forma de ocho y caminar siguiendo esa trayectoria. De este modo, el cuerpo tiene que ajustar continuamente la posición de los pies, las caderas y el tronco. También puede practicarse caminando lateralmente algunos pasos antes de volver a avanzar hacia delante.

Sin buscar terrenos difíciles ni asumir riesgos

El objetivo no es caminar sobre superficies inestables ni poner a prueba el equilibrio de manera peligrosa. Basta con introducir pequeños cambios dentro de un entorno seguro. Por ejemplo, durante un paseo se pueden hacer giros controlados alrededor de un banco o cambiar de sentido varias veces en una zona amplia y sin obstáculos. La velocidad tampoco debe ser alta. Primero interesa dominar el movimiento lentamente y mantener una postura estable. Cuando resulte sencillo, puede aumentarse ligeramente el ritmo o combinar un giro con una pequeña parada antes de continuar.

Quienes tengan antecedentes de caídas, vértigo, problemas neurológicos o dificultades importantes para caminar deberían consultar con un fisioterapeuta o profesional sanitario antes de hacer ejercicios de equilibrio sin supervisión. Caminar por terreno plano sigue siendo saludable, pero entrenar los cambios de dirección añade una habilidad muy relacionada con la vida diaria. Girar, frenar y volver a arrancar con control puede mejorar la coordinación y ayudar a desplazarse con más seguridad.