Amancio Ortega ha recordado en varias ocasiones una infancia marcada por las estrecheces económicas. Nació en 1936 en Busdongo de Arbas, en León, dentro de una familia trabajadora que dependía del sueldo de su padre, empleado ferroviario. Eran tres hermanos y el dinero apenas alcanzaba para cubrir las necesidades básicas de una casa que vivía pendiente de cada gasto.
“Mi padre ganaba 300 pesetas”, explicó Ortega al hablar de aquellos años. Él mismo rechazó la idea de que esa cantidad pudiera considerarse suficiente para la época: con cinco personas en casa, aseguraba, nunca llegaban a final de mes. Aquella situación le hizo comprender muy pronto qué significaban la escasez, el esfuerzo y la necesidad de ayudar a la familia.
Una infancia marcada por las estrecheces
Su padre trabajaba en el ferrocarril y la profesión obligó a la familia a trasladarse varias veces. Después de Busdongo y Tolosa, terminaron instalándose en A Coruña. Ortega creció viendo cómo cada peseta tenía que administrarse con cuidado y cómo sus padres intentaban sacar adelante a sus hijos sin margen para lujos ni gastos imprevistos.

Uno de los episodios que más lo marcó ocurrió cuando acompañó a su madre a una tienda y escuchó cómo le negaban comprar a crédito. Aquella escena, según sus biografías, lo afectó profundamente. Poco después dejó los estudios y comenzó a trabajar siendo todavía adolescente, decidido a aportar dinero en casa y evitar que su familia volviera a pasar por situaciones semejantes.
Empezó a trabajar siendo todavía un adolescente
Su primer contacto con el mundo textil llegó desde abajo, trabajando como dependiente y aprendiendo cómo funcionaban las prendas, los clientes y el comercio. No empezó con una gran inversión ni con una estructura empresarial detrás. Primero conoció el oficio, observó qué buscaba la gente y entendió que el precio condicionaba enormemente quién podía acceder a determinada ropa.
Décadas después, aquella familia que no llegaba a final de mes quedó muy lejos de la realidad económica de Ortega, convertido en fundador de Inditex y una de las mayores fortunas del mundo. Sin embargo, siempre ha vinculado parte de su carácter a esos primeros años. La escasez le enseñó a valorar el trabajo, controlar los costes y no dar nada por garantizado. Antes de Zara, de las tiendas internacionales y de una fortuna multimillonaria, hubo un niño que veía a sus padres hacer cuentas para estirar 300 pesetas y que decidió empezar a trabajar porque entendió que en casa cualquier ayuda podía marcar una diferencia.