La mentira en la infancia suele preocupar a padres y educadores, pero desde la psicología infantil se insiste en que no siempre es un comportamiento negativo. El psicólogo y neuropsicólogo Álvaro Bilbao explica que mentir forma parte del desarrollo cognitivo del niño y que entender el motivo que hay detrás resulta clave para educar correctamente. Según su planteamiento, existen tres tipos fundamentales de mentiras infantiles, cada una asociada a una etapa evolutiva y a una necesidad emocional distinta.

Los estudios sobre desarrollo infantil señalan que los niños empiezan a mentir alrededor de los cuatro años, cuando adquieren habilidades cognitivas como la teoría de la mente y el control ejecutivo, que les permiten comprender que otras personas pueden pensar algo diferente a ellos. Esta capacidad no implica necesariamente intención de engañar, sino un avance en su desarrollo mental.

Mentir no siempre significa engañar

Durante los primeros años, muchas mentiras tienen relación con la imaginación. Los niños mezclan fantasía y realidad porque su cerebro todavía está aprendiendo a distinguir ambas dimensiones. En este contexto, las historias inventadas no buscan manipular, sino explorar el mundo y expresar emociones.

Padre niño Unsplash
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Álvaro Bilbao explica que una primera forma de mentira es la imaginativa, habitual en edades tempranas. El niño puede afirmar algo que no ha sucedido porque forma parte del juego simbólico o de su creatividad. En estos casos, la corrección excesiva puede ser contraproducente, ya que limita la expresión y la seguridad emocional.

El segundo tipo de mentira aparece cuando el menor intenta evitar un castigo. Aquí sí existe conciencia de haber hecho algo incorrecto, pero la mentira surge como mecanismo de protección. Los expertos señalan que este comportamiento suele indicar miedo a la reacción del adulto,  más que mala conducta en sí misma. Por ello, la respuesta educativa recomendada pasa por fomentar la confianza y explicar las consecuencias sin recurrir a castigos desproporcionados.

Las mentiras sociales y el aprendizaje emocional

El tercer tipo de mentira, según Bilbao, es la mentira social o prosocial. Se produce cuando el niño intenta evitar herir a otra persona o adaptarse socialmente, por ejemplo, diciendo que algo le gusta para no molestar. Este tipo de comportamiento refleja un avance en la empatía y en la comprensión de las normas sociales.

@soyalvarobilbao

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La psicología infantil subraya que la mentira, bien gestionada, puede convertirse en una oportunidad educativa. Permite enseñar valores como la honestidad, la responsabilidad y la gestión emocional. El problema surge cuando la mentira se convierte en una estrategia habitual para evitar consecuencias o llamar la atención.

En este sentido, Bilbao insiste en que los adultos deben centrarse menos en castigar la mentira y más en entender qué necesidad hay detrás. La seguridad emocional, el ejemplo de los padres y la comunicación abierta son factores decisivos para que el niño aprenda a decir la verdad sin miedo.

Lejos de ser un signo de mala educación, mentir puede ser, en muchas ocasiones, una señal de que el cerebro infantil está aprendiendo a relacionarse con los demás y a comprender el complejo mundo social que le rodea.