Contestar un último mensaje, adelantar trabajo o ver otro capítulo puede retrasar cada noche la hora de acostarse. Alfredo Rodríguez Muñoz, catedrático de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, cuestionó esa forma de relegar el descanso en una entrevista con El País. “Dormir es un acto revolucionario y subversivo”, afirmó al hablar de una sociedad donde parar parece exigir una justificación y siempre queda algo pendiente.
Su reflexión invita a mirar una escena reconocible: llega el final del día y seguimos intentando completar la lista. El problema aparece cuando acostarse se convierte en la actividad que puede aplazarse para dejar sitio a todas las demás. Una tarea termina y otra ocupa su lugar. Así, la hora de dormir depende de que desaparezcan las obligaciones, los mensajes y las ganas de aprovechar un rato propio antes de empezar otra jornada.
Robar horas a la noche para recuperar tiempo propio
En este sentido, el psicólogo explica la llamada procrastinación del sueño por venganza. Consiste en retrasar voluntariamente el momento de acostarse para disfrutar de un tiempo personal que se siente perdido durante el día. Una serie o el móvil permiten prolongar ese espacio de autonomía. El cansancio está presente, pero también la resistencia a terminar la jornada sin haber hecho algo para uno mismo.

La situación plantea un conflicto cotidiano. Si todo el ocio queda reservado para después de cenar, adelantar la hora de acostarse puede sentirse como otra renuncia. Por eso, revisar el descanso también implica observar cómo se distribuye el resto del día. Un calendario que reserva espacio únicamente para trabajar, desplazarse y resolver tareas domésticas deja muy poco margen para elegir. La noche acaba absorbiendo lo que no ha encontrado sitio antes, aunque el despertador siga sonando igual.
Descansar también necesita espacio durante el año
De esta manera, Rodríguez Muñoz propone pensar en la recuperación como algo cotidiano. Defiende combinar pausas durante la jornada, desconexión al terminar el trabajo, sueño nocturno, tiempo libre semanal y vacaciones. Cada espacio cumple una función. Esperar a una escapada para compensar meses de agotamiento concentra demasiadas expectativas en unos pocos días y deja intacta la organización que produce ese desgaste durante el año.
Así pues, proteger la hora de dormir empieza antes de llegar a la cama. Supone reconocer qué ocupa el día y qué margen queda para parar. Esa es la reivindicación del psicólogo: dar al descanso un lugar propio, sin esperar a haberlo terminado todo.