Alejandra Pombo, interiorista, asegura que sus honorarios no son un gasto sino una inversión que permite a los propietarios ahorrar miles de euros en sus viviendas. Según cuenta, el trabajo de un profesional del interiorismo se ha democratizado: “Antes el interiorista era para unos pocos, ahora la gente empieza a valorar nuestro trabajo como ir al dentista, es algo necesario y útil”. Este cambio de percepción ha hecho que cada vez más personas confíen en expertos para gestionar sus reformas y proyectos de decoración.
La clave, según Alejandra, está en la planificación y el control, ya que un interiorista no solo diseña y decora, sino que supervisa presupuestos y optimiza recursos al máximo. Esto permite que los propietarios eviten gastos innecesarios, errores en la obra o compras de materiales que no encajan. “Con nuestros honorarios, el cliente termina ahorrando dinero en la obra”, asegura Alejandra.
Contratar a un interiorista, una solución antes de los parches
Alejandra explica que su labor va más allá de la simple estética. La intervención de un profesional implica coordinar a proveedores, negociar precios y prever todo tipo de imprevistos. Todo esto reduce costes económicos y mentales que el propietario asumiría por su cuenta si intentara manejar la obra sin ayuda. Además, asegura que la correcta planificación evita retrasos y errores que suelen encarecer la reforma. De este modo, el trabajo del interiorista se convierte en un seguro de ahorro a largo plazo.

Además, el interiorista actúa como mediador entre el propietario y los distintos profesionales implicados. Esto no solo agiliza la obra, sino que evita sobrecostes derivados de decisiones tomadas sin tener criterio técnico desarrollado. “Ponerme al frente de un proyecto permite que cada euro invertido tenga el máximo rendimiento”, añade Alejandra.
Cómo cambió la percepción del sector
El sector del interiorismo ha evolucionado en los últimos años. Lo que antes se consideraba un lujo reservado a pocos ahora se ve como una forma de asegurar que la vivienda quede bien, cumpla expectativas y respete el presupuesto. Según Alejandra, los clientes han entendido que un buen interiorista no incrementa el gasto, sino que, más bien, lo controla y optimiza. La profesionalidad se traduce en ahorro y tranquilidad, algo difícil de cuantificar pero evidente al final de cada proyecto.
Así pues, Alejandra Pombo demuestra que invertir en un interiorista no es un lujo, sino una estrategia inteligente para gestionar un proyecto de vivienda de manera eficiente, estética y económica. Con su experiencia, el propietario puede estar seguro de que cada decisión se traduce en ahorro real y un resultado final impecable.