Alba Cardalada, psicóloga: “Los jubilados dejan de trabajar y cogen una depresión hasta que llega el nieto”

Dejar de trabajar no siempre se vive como un descanso inmediato. Para muchos jubilados, la retirada laboral llega después de décadas organizando los días alrededor de horarios, obligaciones, compañeros y rutinas muy marcadas. Alba Cardalda, psicóloga, lo resume con una frase: “Los jubilados dejan de trabajar y cogen una depresión hasta que llega el nieto”. Detrás de esa idea aparece un problema muy común: la falta de cosas que hacer.

La jubilación puede dejar un vacío enorme cuando el trabajo ocupaba casi toda la identidad personal. De un día para otro desaparecen las tareas, la sensación de utilidad y el contacto diario con otras personas. Aunque desde fuera parezca una etapa cómoda, muchos jubilados sienten que han perdido estructura. No les falta tiempo, les falta un motivo claro para levantarse con energía.

La rutina desaparece demasiado rápido

El cambio suele ser más brusco de lo que parece. Durante años, la vida laboral marca cuándo levantarse, cuándo salir, con quién hablar y qué resolver cada día. Al jubilarse, todo ese esquema se rompe. Si no hay aficiones, planes, amistades activas o responsabilidades nuevas, las horas pueden hacerse largas y repetitivas.

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Por eso algunos mayores entran en una etapa de tristeza, apatía o desorientación. No siempre es una depresión clínica, pero sí una sensación de pérdida. El problema aparece cuando la persona deja de sentirse necesaria. Ya no hay una empresa que la espere, un equipo que la consulte o una agenda que le recuerde que su presencia importa.

El nieto devuelve una función vital

La llegada de un nieto puede cambiar esa dinámica porque devuelve propósito. Cuidar, acompañar, recoger del colegio o simplemente estar presente ofrece una nueva estructura emocional. Muchos jubilados vuelven a sentirse útiles porque alguien los necesita de forma concreta. El día deja de ser una sucesión de horas vacías y recupera una tarea con sentido.

Sin embargo, los psicólogos recuerdan que el nieto no debería ser la única fuente de bienestar. La jubilación necesita construirse con actividades propias: caminar, aprender, viajar, quedar con amigos, participar en grupos o recuperar aficiones pendientes. El objetivo no es llenar el calendario por obligación, sino evitar que la vida quede reducida a esperar que otros den sentido al día.

La advertencia de Cardalda apunta a una idea sencilla: jubilarse no es solo dejar de trabajar. Es aprender a vivir sin que el trabajo ordene todo. Quienes encuentran nuevas rutinas, vínculos y responsabilidades suelen atravesar mejor esa etapa. Quienes se quedan sin nada que hacer pueden descubrir que tener mucho tiempo libre también pesa.