Un abogado ha puesto el foco en una de las grandes diferencias del sistema fiscal, ya que no todos los contribuyentes pagan lo mismo por el mismo nivel de ingresos. Según explica, una persona autónoma que gana 35.000 euros puede llegar a pagar más impuestos que un trabajador por cuenta ajena con ese mismo salario, una situación que genera debate cada año.

La realidad es que el sistema español, gestionado en gran parte por la Agencia Tributaria, distingue claramente entre tipos de contribuyente. No solo cambia la forma de declarar, sino también las obligaciones fiscales y los gastos que se pueden deducir.

Por qué un autónomo puede pagar más

Y es que la principal diferencia está en cómo se calcula el rendimiento. Un trabajador asalariado tributa directamente por su salario, con retenciones aplicadas en nómina y menos margen de maniobra en la declaración. De este modo, el autónomo tributa por el rendimiento neto de su actividad, es decir, ingresos menos gastos deducibles. En teoría, esto debería equilibrar la carga fiscal, pero en la práctica no siempre ocurre.

La realidad es que muchos autónomos no pueden deducir todos sus gastos o no alcanzan niveles de deducción suficientes para compensar. Además, deben asumir cuotas a la Seguridad Social, pagos fraccionados trimestrales y una mayor carga administrativa.

El impacto en ingresos de 35.000 euros

La realidad es que en torno a los 35.000 euros anuales es donde se perciben más claramente estas diferencias. Un asalariado con ese nivel de ingresos tiene parte de sus impuestos ya retenidos y puede beneficiarse de ciertas reducciones automáticas. De este modo, el autónomo, además de tributar por el IRPF, debe hacer frente a otros costes que reducen su rentabilidad real. Esto puede hacer que, en términos netos, su carga sea superior.

Otro factor clave es la irregularidad de ingresos. Mientras que el asalariado tiene estabilidad, el autónomo puede tener picos y caídas que afectan a su planificación fiscal. En definitiva, el mensaje del abogado es claro: el tipo de actividad influye directamente en lo que se paga a Hacienda. No es solo cuánto ganas, sino cómo lo ganas. Una diferencia estructural que sigue generando debate y que obliga a analizar cada caso con detalle antes de sacar conclusiones.