Tal día como hoy del año 79 d. C., hace 1.947 años, hacia las 13:00 horas, se iniciaba la erupción violenta del volcán Vesubio —situado al sur de la península italiana—, que durante aquellas primeras horas expulsaría una enorme columna de gases, cenizas y piedra pómez a más de 30 kilómetros de altura. Durante las horas que siguieron al inicio de la erupción se produjo una lluvia de piedra pómez que hundió la práctica totalidad de los tejados de la ciudad de Pompeya (20.000 habitantes), que vivió una caótica evacuación masiva marcada por el pánico. No obstante, los arqueólogos calculan que en Pompeya no murieron más de 500 personas.
La mayoría de las muertes causadas por aquella catástrofe se producirían durante la segunda jornada de la erupción. Durante la madrugada del 25 de agosto —después de más de doce horas de erupción— se produciría el colapso de la columna eruptiva (el derrumbe del chorro vertical de gas, ceniza y rocas que, al inicio de la erupción, sale propulsado desde el cráter). Este cambio orientaría las corrientes ardientes de flujos piroclásticos (vapor de agua a altísima temperatura y gases tóxicos) hacia los valles cercanos y provocaría la muerte de la mitad de la población de Herculano (unos 2.000 muertos). También cubriría totalmente de cenizas la ciudad evacuada de Pompeya.
Adicionalmente, durante la segunda jornada estas corrientes ardientes causarían una importante mortalidad en la pequeña ciudad de Estabia, residencia de las clases oligárquicas de la región, situada a pie de playa a unos seis kilómetros de Pompeya. Los arqueólogos calculan que en Estabia murió la práctica totalidad de su población (unos 1.000 habitantes). Estabia, como Pompeya o Herculano, quedó totalmente sepultada por las cenizas del Vesubio. Ninguna de las tres ciudades fue recuperada y los arqueólogos estiman que, a pesar de que no se han recuperado todos los cadáveres, la erupción del Vesubio se habría saldado con unos 3.500 muertos (un 15 % de la población de la región).