Tal día como hoy del año 1565, hace 461 años, estallaba el primer conflicto europeo por el control de Florida (actualmente, Estados Unidos), que enfrentaría al ejército hispánico y a las compañías de comercio francesas. Según la tradicional versión oficial, la marina hispánica —dirigida por el capitán Pedro Menéndez de Avilés— salió de La Habana (capital de la colonia hispánica de Cuba) para destruir la base colonial francesa de Fort Caroline, creada y poblada por "herejes protestantes" que pretendían expandir su "herejía" sobre el territorio inexplorado de Florida.
La misma versión oficial dice que Menéndez de Avilés habría zarpado de La Habana después de ser investido gobernador de Florida, con la misión de expulsar a los colonos franceses, ocupar formalmente el territorio e incorporarlo a los dominios coloniales hispánicos. Pero la investigación historiográfica moderna revela que Menéndez de Avilés zarpó hacia Florida en el marco de una guerra civil que lo enfrentaba con Francisco García de Osorio Sandoval, gobernador hispánico de Cuba y que, en aquel momento, ya contabilizaba varias víctimas.
El 28 de agosto de 1565, Menéndez de Avilés fundó San Agustín. Durante dos siglos (1565-1763) sería una plaza hispánica, hasta que, durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763) pasó a dominio británico. Coincidiendo con aquella transferencia de dominio, el empresario escocés Andrew Turnbull adquirió una importante extensión de tierra en sus inmediaciones —que llamaría New Smyrna— y estableció allí a 1.500 colonos menorquines (entonces Menorca era británica). El incumplimiento de las condiciones y los maltratos físicos a los colonos provocaron la ruina del proyecto.
En 1777 —en plena Guerra de la Independencia de los Estados Unidos— unos 800 colonos menorquines que habían sobrevivido al proyecto fallido de Turnbull escaparon y, liderados por Francesc Pellicer, recorrieron las 75 millas que les separaban de Fort-Saint-Augustin para iniciar una nueva existencia en libertad. Al conocer su historia, el gobernador británico de la plaza, Patrick Tonyn, los acogió y les permitió crear un asentamiento alrededor del fuerte. Hasta inicios del siglo XX, Saint-Augustin sería la única ciudad catalanohablante de Norteamérica.