Quién es Diego Rubio, el hombre de Sánchez que vio la ventana de oportunidad en el desahucio de Maricarmen

No es ministro, no ocupa ningún escaño en el Congreso y durante años su nombre era prácticamente desconocido fuera de los pasillos de la Moncloa. Pero Diego Rubio Rodríguez se ha convertido en una de las personas que más peso tienen alrededor de Pedro Sánchez y, en las últimas semanas, también en una de las más controvertidas. Desde el 11 de septiembre de 2024 es el jefe del Gabinete de la Presidencia, el hombre que trabaja junto al presidente, participa en las decisiones más delicadas y que ahora diversas informaciones sitúan detrás de una de las maniobras políticas que han cambiado completamente el final de la legislatura: detectar en el desahucio de Maricarmen Abascal una "ventana de oportunidad" para trasladar el centro del debate político hacia la vivienda. Según diversas informaciones, Diego Rubio formó parte del núcleo más reducido que acompañó a Pedro Sánchez durante el fin de semana de reflexión que acabó con el adelanto electoral y en la construcción del relato con el que el presidente justificaría la convocatoria. De hecho, Rubio acabó de perfilar el discurso del anuncio, reforzando así su imagen de estratega discreto de la Moncloa.

El Gobierno llegaba al caso Maricarmen cargando con una acumulación de frentes difíciles: la crisis de Ceuta y las críticas por la respuesta del Estado, una legislatura bloqueada por la falta de mayorías estables, unos presupuestos que no conseguía sacar adelante y diversos casos y procedimientos judiciales que habían ido erosionando el relato político de la Moncloa. La vivienda, en cambio, permitía al PSOE entrar en un terreno que consideraba mucho más favorable: precios disparados, dificultades para acceder a un piso y una movilización social creciente. Y aquí aparece Rubio. Diversas informaciones publicadas estos días le atribuyen haber detectado que la conmoción provocada por el desahucio de Maricarmen podía transformarse en una oportunidad política. La Razón lo sitúa entre los principales estrategas que vieron que el caso permitía apartar el foco de Ceuta y llevarlo hacia la vivienda, un terreno donde el ejecutivo se sentía más cómodo. El mismo diario atribuye a Rubio un papel central en la operación política posterior y en las deliberaciones que acabarían desembocando en el adelanto electoral.

El cambio de pantalla fue vertiginoso. Del desahucio de una mujer de 87 años se pasó a una movilización ciudadana de grandes dimensiones, después a los decretos de vivienda del Ejecutivo, al enfrentamiento con Junts por la negativa de los de Carles Puigdemont a avalarlos y, finalmente, a la conclusión de Sánchez de que aquel Congreso ya no le permitía seguir gobernando como quería. El País también sitúa el caso Maricarmen como el catalizador que transformó los cálculos de la Moncloa y acabó llevando a Sánchez a adelantar las elecciones.

De la prospectiva al despacho más poderoso de la Moncloa

Rubio, nacido en Cáceres en 1986, responde a un perfil poco habitual en la primera línea política. De hecho, niega ser un político y no le gusta que le digan que lo es; prefiere definirse como un "servidor público", un "académico de paso" y "hombre de ideas" en privado, según El Mundo, que le atribuye una frase que suele decir a sus amigos. "Soy un monje, no tengo tiempo libre". Y sobre la estrategia Maricarmen, según el mismo medio, Rubio se quita el protagonismo de encima. "Cualquiera que hubiera estado sentado en mi silla lo hubiera visto". 

Su currículum dice que es historiador, que se licenció en la Universitat Autònoma de Barcelona con un expediente que le valió el Premio Nacional de Excelencia Académica y después continuó su formación en la École Normale Supérieure, la Sorbona, Columbia y Oxford. Su carrera profesional pasó también por Oxford y por la IE University antes de entrar definitivamente en la Moncloa. Sánchez lo incorporó en 2020 a su equipo para dirigir la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País. Era, precisamente, un trabajo pensado para anticipar escenarios: detectar riesgos, observar tendencias e intentar preparar decisiones políticas antes de que los problemas estallaran. En 2023 ascendió a secretario general de Políticas Públicas, Asuntos Europeos y Prospectiva Estratégica y, en septiembre de 2024, Sánchez lo convirtió en director de su Gabinete, en sustitución de Óscar López. Cuando lo nombró, Sánchez destacó públicamente su "integridad", su "rigor técnico" y su "visión transversal". Desde entonces, Rubio ha dejado de ser simplemente el experto que imaginaba la España de 2050 para pasar a gestionar el presente inmediato del presidente.

Incluso su trayectoria académica parece escrita para alimentar la leyenda política que ahora le rodea. Su tesis doctoral en Oxford se titulaba "The Ethics of Deception: Secrecy, Transparency and Deceit in the Origins of Modern Political Thought", es decir, "La ética del engaño: secretismo, transparencia y engaño en los orígenes del pensamiento político moderno". Es una investigación académica sobre historia del pensamiento político, no un manual de estrategia de la Moncloa, pero el título ha sido utilizado repetidamente por sus críticos desde que Rubio llegó al círculo más próximo de Sánchez.

El problema de Ceuta

Precisamente la prospectiva, la capacidad de anticipar problemas, es una de las cuestiones que ahora pesa sobre Rubio a raíz de la crisis de Ceuta. El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, sostiene que su gobierno intentó alertar repetidamente a la Moncloa durante los días previos a la entrada masiva de migrantes y que muchas de las comunicaciones iban dirigidas directamente al jefe de gabinete de Sánchez. La versión de Presidencia es diferente: asegura que los contactos fueron atendidos y que las peticiones fueron trasladadas a los ministerios correspondientes. La disputa ha dejado de ser solo política y ahora también es judicial. La jueza María Tardón ha reclamado el registro de las llamadas realizadas a Sánchez y a Rubio entre el 27 y el 30 de julio, y el gobierno de Ceuta ha llevado ante notario mensajes y registros de comunicaciones con la Moncloa. Entre estos mensajes hay uno, revelado este mismo miércoles, en el que el gabinete de Vivas pregunta directamente: "Buenas tardes, Diego. ¿Alguna noticia?". 

La guerra entre la Moncloa y el gobierno de Ceuta sigue abierta, aunque ya no está en el primer foco, tapado por la historia de Maricarmen, que adquirió otra dimensión política. Cuando el caso del desahucio estalló, Rubio estaba recibiendo fuertes críticas precisamente por Ceuta, e incluso se llegó a especular con su destitución. Algunas informaciones publicadas desde dentro del mismo ecosistema político de Madrid interpretan el cambio de foco como una manera de pasar de un asunto defensivo —qué sabía la Moncloa, cuándo lo sabía y cómo reaccionó— a otro en el que Sánchez podía volver a marcar la iniciativa. Atribuirle personalmente una operación concebida expresamente para "tapar" Ceuta es ir más allá de lo que se puede acreditar. Pero sí hay coincidencia entre diferentes crónicas en una cosa: Rubio formó parte del núcleo que interpretó políticamente el potencial del caso Maricarmen y acompañó a Sánchez en las decisiones que vinieron después.

De Maricarmen a las elecciones

La secuencia acabó siendo extraordinariamente rápida. El ejecutivo convirtió la vivienda en su gran batalla política, llevó dos decretos al Congreso, Junts los tumbó y la derrota parlamentaria pasó inmediatamente a alimentar un argumento mucho más amplio: que la legislatura había quedado bloqueada. A partir de aquí Rubio vuelve a aparecer en el centro del tablero. Durante las horas decisivas formó parte del reducido grupo que estudió con Sánchez la conveniencia de un adelanto electoral. La mañana del anuncio, incluso, las cámaras captaron saliendo del despacho presidencial a Félix Bolaños, Diego Rubio y la secretaria de Estado de Comunicación, Lydia del Canto. elDiario.es los identifica como el núcleo que había trabajado con Sánchez en la operación del adelanto. Según esta información, Rubio también remató el discurso con el que el presidente anunció las elecciones. La vivienda había dejado de ser solo un problema social para convertirse en el eje de una batalla electoral. Y el hombre especializado durante años en estudiar futuros posibles se había convertido, paradójicamente, en uno de los encargados de decidir qué futuro político le convenía más a Pedro Sánchez.

Las comparaciones con Iván Redondo

La comparación con Iván Redondo resulta inevitable. Rubio es, después de Redondo y de Óscar López, el tercer director de gabinete que ha tenido Sánchez en la Moncloa, pero su perfil se acerca más al del primero. Redondo era un consultor político fascinado por la estrategia, las campañas y la construcción del relato; Rubio es un académico especializado en prospectiva, políticas públicas y anticipación de escenarios. Ambos, sin embargo, comparten una característica esencial: no provienen del núcleo tradicional del PSOE y Sánchez los ha situado en un lugar desde donde pueden observar el tablero político con una cierta distancia respecto del aparato del partido.

También hay una diferencia de estilo. Redondo acabó convirtiéndose casi en un personaje político por derecho propio, con una enorme exposición mediática y con cada decisión de Sánchez interpretada a través de su figura. Rubio ha intentado justamente lo contrario: evita entrevistas, mantiene una presencia pública mínima y prefiere trabajar entre informes, datos y escenarios. Fuentes citadas por infoLibre describen esta distancia con sus predecesores: Redondo vivía especialmente pendiente de la estrategia política y comunicativa; Óscar López aportaba la experiencia orgánica del PSOE y Rubio pone el acento en el análisis y la viabilidad de las decisiones.

Pero el caso Maricarmen ha empezado a romper esta invisibilidad. Redondo abandonó la Moncloa en 2021 después de haber acumulado tanto protagonismo que su nombre casi competía con el de los ministros. Rubio había conseguido hasta ahora exactamente lo contrario. Pero la controversia por Ceuta, la batalla de la vivienda y las decisiones que han seguido al caso Maricarmen lo han sacado de la sombra.