Tal día como hoy del año 1707, hace 319 años, en Almansa (provincia de la Mancha, de la Corona castellano-leonesa) y en el contexto de la Guerra de Sucesión hispánica (1701-1714/15), se producía la batalla de Almansa, uno de los enfrentamientos más importantes de aquel conflicto y que tendría como resultado la victoria de las tropas borbónicas. El resultado de aquella batalla provocaría la rápida ocupación borbónica del País Valencià, la destrucción de su edificio político —que databa de la época de la conquista catalano-aragonesa liderada por el rey Jaime I (siglo XIII)— y la proscripción y persecución de la lengua y de la cultura valencianas. Poco después, con la ocupación borbónica de València cap i casal, el rey Felipe V ordenaría picar todos los escudos cuatribarrados de la ciudad “para que los valencianos olviden que un día fueron libres”.
En aquella batalla se concentraron más de 50.000 efectivos. Por un lado, el ejército austracista, formado por 16.800 soldados de infantería y de artillería y 6.000 soldados de caballería. Y, por el otro, el ejército borbónico, formado por 20.000 soldados de infantería y de artillería y 8.100 soldados de caballería. En aquella batalla se daría la curiosa circunstancia de que el comandante de las tropas austracistas, principalmente inglesas, portuguesas y valencianas, sería el francés Henri de Massue, conde de Galway, exiliado en Inglaterra por la persecución del régimen de Lluís XIV a los calvinistas franceses. Y el comandante de las tropas borbónicas, básicamente francesas y castellanas, sería el inglés James Fitz-James Stuart, duque de Berwick, exiliado en Francia con su padre biológico, el rey Jaime II de Inglaterra, y su madre, la amante del rey, Arabella Churchill.
A partir del resultado de esta batalla y de sus consecuencias (la ocupación borbónica francocastellana y la destrucción de la personalidad nacional valenciana), la sociedad del País Valencià crearía el dicho popular “Quan el mal ve d’Almansa, a tots alcança” ('Cuando el mal viene de Almansa, a todos alcanza'), que, poco después, se completaría con otro dicho popular que dice: “De ponent —de Castella—, ni gent, ni vent, ni casament” ('De poniente —de Castilla—, ni gente, ni viento, ni casamiento').
