Tal día como hoy del año 1792, hace 234 años, en París, estallaba un episodio de violencia que sería llamado las Masacres de Septiembre. Este fenómeno se produjo en el contexto de la Revolución Francesa (1789-1794) y de la invasión de un ejército monárquico formado por varios principados alemanes (1792), que pretendía restaurar el régimen absolutista del rey Luis XVI. Pocas semanas antes (10 de agosto de 1792), la Asamblea Legislativa (el equivalente al Parlamento) había detenido a Luis XVI, lo había suspendido de sus funciones y lo había encarcelado en la Torre del Temple, junto con toda su familia.
Unos días antes de aquel episodio de violencia había llegado a París la noticia de que la fortaleza de Verdún había caído en manos de la alianza monárquica germánica y, a continuación, un importante contingente de jóvenes se alistaron voluntarios para ir a luchar al frente. Pero mientras se preparaba aquel ejército, algunos diputados de los partidos jacobino y cordelier (republicanos radicales centralistas) hicieron correr el rumor de que muchos contrarrevolucionarios recluidos en las prisiones (nobles y clérigos) habían sobornado a los carceleros para escapar de la prisión y revertir la revolución, aprovechando que París quedaba sin defensores del régimen revolucionario.
El día 2 de septiembre de 1792, hacia las 14:00 horas, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, una multitud atacó un convoy de prisioneros que era trasladado de la prisión de la Abadía a la de los Cármenes y los asesinaron a todos. Entre los reclusos había contrarrevolucionarios (nobles, clérigos y guardias suizos —la guardia del rey—), pero también había presos comunes. Durante los días siguientes (2 al 6 de septiembre de 1792) se producirían los asaltos al resto de prisiones de París: la Conserjería, la Salpêtriere, el Castellet de los Bernardinos, Saint Fermín, la Force y la Bicêtre, que se saldarían con más de 1.400 muertos.
Según la investigación historiográfica, cada vez que se produjo el asalto a una de estas prisiones, se formó un tribunal espontáneo que dictaba sentencias. Según la misma investigación, estos tribunales espontáneos liberaron a todas las mujeres (mayoritariamente recluidas por delitos de robo o de prostitución) y a los presos encerrados por delitos de deudas impagadas o querellas familiares. Pero, en cambio, los contrarrevolucionarios (nobles, clérigos, guardia del rey) y los recluidos por los delitos de falsificación de moneda o de asesinato fueron ejecutados en los patios de las prisiones o en las calles de los alrededores por verdugos voluntarios provistos con hachas.