Tal día como hoy del año 1641, hace 380 años, en el marco de la Guerra de Separación de Catalunya (1640-1652/59); se efectuó el primer intercambio de prisioneros entre los bandos en conflicto. Una anotación del Dietari de la Generalitat de aquel día, consigna que las autoridades catalanas excarcelaron a la viuda, a los hijos y a los familiares de Enric de Aragón (Lucena, Corona castellanoleonesa, 1588 – Perpinyà, 1640), duque de Cardona y último virrey hispánico aceptado por las instituciones del país. El duque de Cardona había sido nombrado poco después del estallido de la Revolución de los Segadores, producido durante la festividad del Corpus de Sangre (7 de junio de 1640), y del asesinato —probablemente de falsa bandera— del virrey hispánico Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma.

Pero su mandato había sido el más efímero de todos los virreyes en Catalunya desde que eran nombrados desde la cancillería hispánica. El 22 de julio de 1640 (tan solo unas semanas después de su nombramiento) murió a causa de los achaques que arrastraba, mientras efectuaba una visita oficial a Perpinyà. Acto seguido, y en buena parte a causa de la convulsa situación que se vivía en el Principat, se produjo un vacío de poder que su viuda, Juana de Rojas y Enríquez, aprovechó para usurpar y ejercer el cargo. Hasta que la cancillería de Madrid no nombró a un nuevo virrey; Juana de Rojas despachó como virreina de facto; etapa durante la cual se enfrentó repetidamente con las instituciones catalanas.

Durante los meses inmediatamente posteriores (septiembre – diciembre, 1640), el rey hispánico Felipe IV le declaró formalmente la guerra a Catalunya, el gobierno de Catalunya firmó una alianza con la monarquía francesa, y los Tercios de Castilla iniciaron la invasión del Principat. En aquel contexto bélico, el gobierno de Catalunya ordenó el arresto y encarcelamiento de todas las personas que colaboraban con el enemigo. Según el Dietario de la Generalitat, aquel primer intercambio se produjo en Montblanc; y la familia del difunto duque de Cardona fue escoltada por una compañía de infantería catalana, para evitar que los prisioneros fueran objeto de represalias en el transcurso del camino.