Tal día como hoy del año 1874, hace 152 años, el general Pavia —capitán general de la región militar de Castilla la Nueva, con sede en Madrid— perpetraba un golpe de Estado que secuestraba la Primera República española (1873-1874). Tradicionalmente, se había explicado que Pavia había entrado en las Cortes —actualmente Congreso de los Diputados del Estado español— montado a caballo. Pero este hecho, que algunos historiadores interpretaban como un signo de autoridad y otros como una demostración de fanfarronería, es, actualmente, motivo de debate, y una parte importante de la historiografía pone en duda este extremo. En cambio, lo que sí está sobradamente probado es que entró armado en aquella cámara de representación popular, acompañado por un destacamento de la Guardia Civil, y que tomó el poder por la fuerza.

La Primera República había sufrido graves problemas de orden público que minaron su estabilidad. Los enfrentamientos constantes entre federalistas y unionistas, que culminarían con la revolución cantonalista, le provocarían un fuerte desgaste que la debilitaría enormemente. El régimen republicano quedó notablemente desprestigiado, tanto entre aquellas clases que más esperanzas habían depositado en él (las clases obreras y una parte de la burguesía urbana) como entre las más escépticas. Los conservadores —el caciquismo sociológico e ideológico que habían boicoteado constantemente la República— harían el resto. Pavia, al tomar las Cortes, convertía la Primera República española en una dictadura presidencialista dirigida por el general Serrano, que, once meses después, la liquidaría definitivamente entronizando, de nuevo, a los Borbones, en la figura de Alfonso XII.