Tal día como hoy del año 1641, hace 385 años, en Barcelona, Pau Claris, 94.º president de la Generalitat y 1.er president de la Primera República catalana (1641), transformaba esta forma de Estado, proclamada seis días antes (17 de enero), en un principado independiente y nombraba a Luis XIII conde independiente de Barcelona u Hombre Principal de Catalunya. Esto significaba que la dignidad de jefe de Estado catalán, que, durante la efímera etapa republicana, había sido representada por el presidente Pau Claris, pasaba a Luis XIII de Francia. Poco después, sería su representante en Catalunya, Urbain de Maillé, marqués de Brézé y lugarteniente de la corona en Catalunya, quien aceptaría el nombramiento en nombre de Luis, desde ese momento, rey de Francia, rey de Navarra y conde independiente de Barcelona.
No obstante, el Principado de Catalunya no perdía su independencia. Luis sería un soberano con varias coronas sobre su testa, que al entrar en Catalunya solo lo haría como conde de Barcelona. También, en este caso, se renovó la fórmula de origen medieval que habían jurado todos los reyes catalanoaragoneses e hispánicos: “Nós que valem tant com vós, jurem davant vós que no sou millor que nós, que junts valem més que vós, i que us acceptem com rei i sobirà sempre i quan respecteu nostres llibertats i lleis, però si no, no”. Por lo tanto, quien continuaría ejerciendo el gobierno del país sería la Generalitat, a través de sus tres diputados (presidente o diputado eclesiástico, diputado nobiliario o militar o consejero-protector, y diputado real o de villas y ciudades) y la Junta de Braços (equivalente al Parlament contemporáneo).
Aquel cambio vino motivado, entre otras cosas, por el contexto del momento. Unos meses antes (Ceret, septiembre, 1640), el rey hispánico Felipe IV había declarado la guerra a Catalunya y las cancillerías de Barcelona y de París habían acordado una alianza. En aquel contexto, el cardenal Richelieu, primer ministro de Francia, había recomendado al president Claris constituir Catalunya en una república. Pero el doble juego de los catalanes, que, por un lado, avanzaban hacia un Estado independiente y al mismo tiempo negociaban una alianza político-militar con París y, por otro, presionaban a Madrid con el objetivo de reubicar a Catalunya en un escenario político-económico favorable sin abandonar el edificio político hispánico, convencieron a Richelieu de que era mejor atar corto a la cancillería de Barcelona.
La estrategia francesa que desplegaría Richelieu, que pasaba por la proclamación de Luis XIII como conde independiente de Barcelona, se precipitaría en el momento en el que el ejército hispánico, que había iniciado la ocupación de Catalunya (noviembre, 1640), se situó a las puertas de Barcelona (1641). El cardenal aprovecharía dicha circunstancia (el ejército de Catalunya no había logrado detener a los hispánicos ni en el collado de Balaguer ni en Martorell) y condicionaría la ayuda militar francesa al cumplimiento de los pactos de 1640, que pasaban por la salida definitiva catalana del edificio político hispánico. Y como garantía de cumplimiento, impondría el cambio de régimen, de república a principado independiente, con Luis XIII como Hombre Principal.