Tal día como hoy del año 1876, hace 150 años, en Ciudad de México, moría Antonio López de Santa Anna y Pérez de Lebron, general del ejército mexicano y, entre 1833 y 1847, presidente de los Estados Unidos Mexicanos —casi de forma ininterrumpida— en siete ocasiones. Santa Anna había nacido en 1794 (durante la última etapa colonial hispánica) en la ciudad costera de Veracruz (entonces el puerto comercial más importante del virreinato de Nueva España). Era hijo de un comerciante andaluz establecido en la ciudad (de remoto origen familiar catalán) y de una propietaria criolla, que le procuró una formación privilegiada. En 1810 (con dieciséis años) ingresó en el ejército colonial y sus primeras campañas serían combatiendo a las fuerzas independentistas.
Pero en 1821, con la declaración de independencia de México (Plan de Iguala) bascularía, lentamente, de una posición españolista a independentista. Durante los primeros años de independencia, Santa Anna tendría un papel relativamente relevante, subordinado a Agustín Itúrbide, primer mandatario independiente de México, que se haría coronar emperador como Agustín I. Poco después, con la deposición del emperador y la proclamación de la República mexicana (1823), Santa Anna se labraría una trabajada escalada que le conduciría a su primera presidencia de la República (1833). Lo sería, casi ininterrumpidamente, durante los catorce años más decisivos en la historia de México.
Durante sus mandatos, Santa Anna conoció y combatió la colonización anglosajona y la independencia de Texas (1821-1836) y la incorporación de aquella joven república a Estados Unidos (1845). Y la guerra que enfrentaría a México y Estados Unidos (1845-1848) y que se resolvió a favor de los norteamericanos. Aunque a la conclusión del conflicto (1848) Santa Anna ya no era el presidente de México, se consideró que había sido el gran responsable de la pérdida de todos los territorios mexicanos al norte del Río Grande y que representaban casi la mitad del territorio mexicano. Por lo tanto, para la sociedad mexicana, Santa Anna sería el general y el presidente que acabaría entregando la mitad del país a los norteamericanos.