Tal día como hoy del año 1878, hace 148 años, en Le Havre (Francia), moría expatriada María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que había sido reina consorte de España —por su matrimonio con el rey Fernando VII (1829-1833)— y, al quedar viuda, reina regente de España —por la minoría de edad de su primogénita Isabel II (1833-1840). María Cristina, nacida en 1806 en Palermo (Sicilia), era miembro de la rama borbónica de los Dos Sicilias, que ocupaban el trono de Nápoles desde la invasión española de 1735. Era sobrina carnal y cuarta esposa de su marido, y la única que le daría descendencia que sobreviviría la infancia.
Al quedar viuda estalló la I Guerra Carlista (1833-1840), impulsada por su cuñado Carlos, hermano pequeño del difunto rey, que amparándose en la vigencia de la Ley Sálica promulgada por su antepasado Felipe V (1713), no aceptó el testamento a favor de Isabel (la hija del monarca traspasado). Pero a pesar de que los partidarios de la viuda y la huérfana —los liberales— acabaron ganando aquel conflicto, a la conclusión de la guerra (1840) fue obligada a abandonar la regencia a causa de un gran escándalo de corrupción llamado "el bolsillo secreto". A partir de aquel momento, solo conservaría la categoría protocolaria de "reina madre".
El "bolsillo secreto" era un fondo opaco, creado totalmente al margen de cualquier control fiscal y tributario del Estado, que tenía su origen en las mal llamadas Abdicaciones de Bayona (1808). En aquel acto, Fernando VII había vendido la corona española a Napoleón a cambio, entre otras contrapartidas, de una pensión anual y vitalicia de cuatro millones de francos franceses de la época. Después de la derrota de Napoleón en los campos de batalla (1814), las potencias ganadoras obligaron a Fernando VII a ocupar, de nuevo, el trono español, pero este nunca devolvió al tesoro francés las cantidades que había recibido entre 1808 y 1814 (entre veinticuatro y treinta millones de francos).
Concluida la Primera Guerra Carlista (1840), España estaba en una situación de ruina económica absoluta y el general Espartero —el nuevo hombre fuerte de la política española— exigió a la regente la entrega de aquel "bolsillo secreto". La negativa de María Cristina provocó una gigantesca crisis política que se resolvería con su cese. No obstante, como reina madre continuó disfrutando de mucho poder en la corte y empleó el "bolsillo secreto" para todo tipo de negocios que iban desde el ferrocarril hasta la financiación de golpes de Estado en las jóvenes repúblicas americanas o la creación de la que sería la red de comercio ilegal de esclavos más grande del mundo.
