Tal día como hoy del año 1921, hace 100 años, la comisión de transportes del Ayuntamiento de Barcelona resolvía en contra de la petición de los concesionarios del metro, que pretendían que se paralizara la adjudicación de nuevas líneas en los tranvías y en los ómnibus. La resolución del Ayuntamiento ponía fin a la guerra entre los concesionarios. Según la prensa de la época (La Vanguardia, 17/11/1921), Josep Garí Gimeno, apoderado del Banco de Vizcaya, concesionario del metro, argumentaba que la expansión solapada de los tres sistemas de transporte público iba contra el interés de la ciudadanía. Un pretexto que ocultaba una verdadera guerra entre los grandes concesionarios del transporte público de Barcelona.
Aquella guerra había estallado meses antes. En aquel momento, la ciudad de Barcelona estaba creciendo a pasos gigantescos. En los últimos cincuenta años había duplicado su población: había pasado de 353.853 habitantes en 1877, a 544.137 en 1900 y a 721.869 en 1920. Este incremento demográfico no se detendría durante la década de 1920, y antes de la restauración de la Generalitat y proclamación de la República (1931), había sido la primera ciudad de la península Ibérica en superar al millón de habitantes. Aquel incremento demográfico, también, había disparado la ocupación del suelo: se estaba completando la edificación del Eixample y se habían incorporado a la ciudad casi todos los pueblos de la llanura de Barcelona.
El Ayuntamiento, en aquel momento gobernado por el alcalde Antoni Martínez y Domingo ―de la Lliga Regionalista, el partido que también gobernaba la Mancomunitat de Catalunya― proclamó que no había incompatibilidad en el desarrollo de las líneas de transporte público, tanto si se superponían o no, y que eso favorecía la competencia y beneficiaba al consumidor. No obstante, la comisión de transportes del Ayuntamiento advirtió seriamente a la compañía de tranvías por el mal estado de algunos de los trenes, y que eso podía comportar la retirada de la concesión. Sus representantes se comprometieron a comprar nuevos tranvías en Bélgica.