Tal día como hoy del año 1208, hace 818 años, en un camino forestal entre la población de Sant Geli del Languedoc (a quince kilómetros al sur de Nimes) y la orilla izquierda del brazo izquierdo del río Ródano, era asesinado Pere de Castelnou, legado pontificio nombrado para negociar la reintegración de los cátaros a la autoridad eclesiástica de Roma. Pere de Castelnou regresaba a Roma para informar al pontífice Inocencio III. El Papa acusó a Ramón VI —conde de Tolosa y principal protector de los cátaros— de estar detrás de un crimen que habían cometido unos desconocidos en plena noche. Inocencio III proclamó que los asesinos eran unos escuderos del conde de Tolosa y lo convirtió en el pretexto que buscaba para iniciar la guerra de exterminio de los cátaros.
Pere de Castellnou era un monje languedociano de la orden del Císter, que formaba parte de la comunidad monástica de Fontfreda (vizcondado independiente de Narbona, vasallo de la Casa de Barcelona), que había mantenido conversaciones con varios barones feudales del territorio, y especialmente con el conde Ramón VI de Tolosa. Las conversaciones con el tolosano habían acabado muy mal y Castellnou —espoleado por su patrón, el Papa— había excomulgado al conde Ramón. Según la documentación pontificia, el conde tolosano habría despedido al legado pontificio con una premonitoria sentencia: “Tenga cuidado; allá por donde vaya, por tierra y por agua, no le perderé de vista”.
Sin embargo, nadie probó nunca que los asesinos de Castellnou fueran enviados por Ramón VI de Tolosa. Pero ello no impediría que Inocencio III declarara la guerra a los cátaros y a sus protectores. Durante los años siguientes (1209-1229), las fuerzas pontificias y francesas (aliadas del Papa) arrasarían el Languedoc. En Béziers asesinaron a 20.000 personas y en Carcasona, a 10.000. En este último caso, las fuentes relatan que los soldados pontificios (mercenarios llegados de toda Europa) arrancaron los ojos a un grupo de supervivientes, excepto a uno, al que dejaron tuerto, para que dirigiera la comitiva y recorriera el país explicando el destino que les esperaba a los cátaros.