Tal día como hoy del año 1402, hace 624 años, se acordaba el matrimonio de Martín el Joven (Perpinyà, 1375), hijo y heredero del rey Martín I, sucesor al trono de Barcelona, y Blanca (Pamplona, 1376) hija del rey Carlos III de Navarra y cuarta en el orden sucesorio. El matrimonio negociado de Martín y Blanca obedecía a un doble propósito. El primero —y el más urgente—, procrear un heredero que garantizara la sucesión al trono de Barcelona. En este punto, es importante recordar que Martín el Joven era el único descendiente del rey que había alcanzado la edad adulta. Y que en su anterior matrimonio con María de Sicilia había tenido un descendiente, Pedro, que había muerto prematuramente (1394-1400).

Y el segundo, crear un vínculo dinástico con la Corona de Navarra —que en aquel momento estaba inmersa en una profunda crisis interna y estaba gravemente amenazada por sus dos grandes vecinos, Castilla y León, al sur, y Francia, al norte— con el objetivo puesto en unir, en un futuro, las coronas catalanoaragonesa y navarra y crear un gran dominio en los Pirineos que ejerciera de contrapeso a castellanos y franceses y al mismo tiempo facilitara a los mercaderes catalanovalencianos una salida directa al océano Atlántico. También, en este punto, cabe recordar que las naves de Barcelona, València y Palma ya frecuentaban los puertos de Brujas (donde había un consulado catalán), de Londres y de Bristol.

Martín y Blanca se casaron en la catedral de Cagliari (Cerdeña) pasados siete meses (26 de diciembre de 1402). Y durante su matrimonio solo tuvieron un hijo, el infante Martín (1403), que moriría prematuramente a los cuatro años (1407). Poco después, Martín moriría durante la campaña de pacificación de Cerdeña (1409), y el trono de Barcelona quedaría sin herederos legítimos. Con la muerte del pequeño Martín (1407), el rey y abuelo del infante difunto, Martín I, intentó legitimar al hijo que el joven Martín había tenido con la siciliana Tarsia Rizzari. Pero la muerte le alcanzó, sorprendente y sospechosamente, en la víspera de la legitimación del pequeño Federico (1410).