Tal día como hoy del año 1936, hace 90 años, y en el marco del golpe de Estado militar que conduciría al estallido de la Guerra Civil (1936-1939), se libraba la segunda y última jornada de la Batalla de Barcelona (19 y 20 de julio de 1936), que enfrentó, por un lado, a los militares que se habían rebelado contra la legitimidad republicana y, por el otro, a las fuerzas leales a la Generalitat (Mossos d'Esquadra, Guardia de Asalto y Guardia Civil) y a las milicias de los partidos y sindicatos (CNT-FAI, PSUC, POUM, UGT, CADCI y Estat Català) que se habían movilizado y armado para impedir el triunfo de los sediciosos.
Durante aquella jornada se produjeron tres hechos que serían decisivos para inclinar la balanza a favor de las fuerzas republicanas. El primero sería el asalto y toma del cuartel de Sant Andreu. En aquel hecho, los milicianos anarquistas de la CNT-FAI y la Guardia de Asalto vencieron la resistencia de aquel cuartel —formada por unos doscientos militares y paramilitares— y confiscaron 30.000 armas largas, que fueron rápidamente distribuidas entre los milicianos que combatían por las calles de la ciudad. Aquel hecho invertiría la evolución del conflicto —hasta entonces favorable a los militares— y obligaría a los rebeldes a iniciar la retirada hacia los cuarteles del Bruc y de Drassanes.
El segundo hecho importante sería el asalto y toma de los cuarteles del Bruc y de Drassanes, a manos, principalmente, de los milicianos de partidos y sindicatos. Avanzada la jornada del 20 de julio, estos cuarteles eran los últimos focos de resistencia de los rebeldes y su caída adelantaba el resultado del final de aquella batalla. Durante el asalto al cuartel de Drassanes se produjo un hecho insólito que siempre ha estado cubierto por un halo de misterio: Francisco Ascaso, que compartía el liderazgo de las milicias anarquistas con Buenaventura Durruti, murió de un disparo en la nuca, que la investigación moderna considera que difícilmente podía proceder del interior del cuartel.
Y el tercer hecho importante y que marcaría el fin de la Batalla de Barcelona sería el asalto y la toma del edificio de la Comandancia de Marina, en el Passeig de Colom, donde se había refugiado el general Goded —que el día antes había volado desde Mallorca para dirigir la rebelión en Catalunya— y los mandos militares que lo habían secundado. Goded y sus colaboradores fueron detenidos y recluidos en el barco-prisión “Uruguay”, anclado en el puerto de Barcelona, y de esta forma se daba por vencida la rebelión. Barcelona sería la única ciudad de la República que vencería la rebelión con las armas.