50 años de la Noche de los Lápices, el secuestro y la desaparición de un grupo de adolescentes

Tal día como hoy del año 1976 al atardecer, hace 50 años, en La Plata (Argentina) y en el marco de los primeros meses de la represión del régimen dictatorial del general Videla (1976-1983), un grupo de agentes de paisano de la policía de Buenos Aires, a bordo de coches camuflados Ford Falcon y comandado por el comisario Luis Héctor Vides, alias "el Lobo", y siguiendo instrucciones del comisario general Alfredo Fernández —jefe de la policía de la capital— y del coronel Ricardo Eugenio Campoamor —jefe del departamento 101 del Servicio de Inteligencia del Ejército—, arrestaban a diez chicos y chicas, de entre 16 y 18 años, los retenían incomunicados en centros policiales y militares de detención durante semanas, los torturaban continuamente y hacían desaparecer los cuerpos de los que morían mientras eran atormentados.

Dicha detención se denominó la Noche de los Lápices, ya que las víctimas de aquella operación represiva eran delegados de curso de institutos de enseñanza secundaria de la ciudad de La Plata que habían liderado la protesta contra la supresión del boleto estudiantil —la reducción parcial o total del precio del transporte público para estudiantes hasta los dieciocho años—. Las víctimas fueron previamente seleccionadas por sus captores siguiendo los informes que redactó el profesor de literatura Néstor Beroch, un siniestro personaje que militaba en organizaciones de ultraderecha y que colaboraba con el aparato represivo del régimen dictatorial. Según algunos investigadores, la supresión del boleto tenía como propósito crear un estado de protesta que pusiera al descubierto a los líderes estudiantiles.

Aquella tarde-noche fueron detenidos Daniel Racero (18), Clara Ciocchini —la cieguita, por su miopía— (18), Horacio Ungaro (17), Claudio Acha (17), Francisco Muntaner (16) y Claudia Falcone (16), que nunca regresaron a sus casas y a sus escuelas, y que constan, oficialmente, como "desaparecidos", y Gustavo Calotti (18), Pablo Díaz (18), Patricia Miranda —la única que no ejercía ningún liderazgo y que estuvo "desaparecida" durante dos años— (17) y Emilce Moler (17), que sobrevivieron a las torturas y fueron liberados pasado el tiempo. Superada la dictadura, los responsables policiales y militares de aquel operativo fueron juzgados y condenados a penas de larga duración. Pero el profesor Beroch fue absuelto y, paradójicamente, siguió ejerciendo la docencia hasta su jubilación.