Tal día como hoy del año 1986, hace 40 años, Catalunya quedó afectada por una gran nevada que cayó en todo el territorio. Durante aquella jornada, la nieve hizo acto de presencia y cuajó en todos los rincones del país. En algunas poblaciones de las comarcas del litoral, como el Maresme, el Garraf o el Montsià, con una escasísima tradición de nevadas, se acumularon espesores importantes. Pueblos del interior de dichas comarcas, como Dosrius, Canyelles o la Sénia, acumularon espesores de 20 a 40 centímetros. Y en la línea de la costa, los deltas de la Tordera y del Ebro o la desembocadura del Foix quedaron cubiertos de nieve, con espesores que oscilaban entre los 5 y los 10 centímetros, creando una estampa casi inédita.

Pero la parte más importante de aquella nevada se la llevaron las comarcas nororientales del país. Según el Servei Meteorològic de Catalunya, los principales espesores se acumularon en Setcases (Ripollès) —con 120 centímetros de nieve acumulada— y en Darnius y La Vajol (Alt Empordà), con 100 centímetros. En el centro del país, también se produjeron nevadas locales importantes, como los 70 centímetros de espesor que se acumularon en Santa Coloma de Queralt (Conca de Barberà). El mismo Servei Meteorològic informaría de que las capitales de comarca más afectadas fueron Ripoll (41 centímetros), Banyoles (40 centímetros), Olot (35 centímetros), Cervera (33 centímetros), Tàrrega (27 centímetros), y Girona, Figueres y Solsona (20 centímetros).

Aquella nieve, que el Servei Català de Meteorologia calificó de “muy húmeda y muy pesada”, se acumuló sobre los cables de alta tensión, que acabaron cediendo por el peso, lo que provocó la interrupción del suministro eléctrico en todo el territorio del cuadrante nororiental de Catalunya y en amplias zonas de la cordillera Prelitoral. Este hecho provocó un gran malestar ciudadano, que se tradujo en una avalancha de quejas, ya que tan solo un año antes (5 de enero de 1985) se había producido una intensa nevada que había generado los mismos problemas, y durante el año que separaba esos dos fenómenos meteorológicos, las compañías eléctricas no habían realizado ningún tipo de inversión en la red para prevenir la repetición de dicho suceso.