Tal día como hoy del año 2001, hace 25 años, en Barcelona, moría el editor Josep Vergés i Matas. Vergés nació en Palafrugell (Baix Empordà), en 1910, en una familia de industriales del corcho, pero, después de la crisis de este sector, abandonaría el negocio familiar y pasaría a Barcelona, para ejercer la docencia como profesor mercantil. Al inicio de la Guerra Civil española (1936), a causa de su ideología política y su confesión religiosa, fue amenazado de muerte por las siniestras Patrullas de Control anarquistas y se refugió en Londres. Aquella etapa, corta pero decisiva, le permitiría conocer la literatura anglosajona y, poco después, conduciría su actividad profesional hacia el mundo editorial.
Todavía en plena Guerra Civil (1938) pasó a Burgos (capital de la zona rebelde franquista) y con los también catalanes Ignasi Agustí y Joan Ramon Masoliver, se hizo cargo de la publicación falangista Destino. Concluida la guerra, trasladó esta cabecera a Barcelona (1940) y, poco a poco y con las limitaciones que imponía la censura del régimen franquista, la reorientó hacia una línea editorial catalanista y liberal. Aquel mismo año (1940) se incorporó al equipo de redacción el escritor Josep Pla. Fruto de esta relación, Vergés, que en 1942 creó Ediciones Destino, se convertiría en el editor del genial escritor ampurdanés y entre 1966 y 1992, publicaría su obra completa.
Vergés, también, sería el creador de los galardones literarios Premio Nadal (en castellano, 1944) y Premio Josep Pla (en catalán, 1968). Por todo ello, sería una de las figuras más destacadas del panorama cultural catalán durante la dictadura franquista. Pero también sería una figura muy controvertida. Nunca nadie olvidó su pasado colaboracionista con el bando rebelde durante la Guerra Civil. Aunque Destino fue un refugio de relativa libertad en medio de la gran prisión franquista, y que uno de los premios literarios que instituyó —el Josep Pla— contribuyó decisivamente al cultivo y a la difusión de la literatura catalana en una época especialmente difícil, posteriormente a la dictadura, nunca recibió ningún reconocimiento del gobierno de Catalunya.