Tal día como hoy del año 1926, hace 100 años, Henry Ford —fundador y presidente de la empresa Ford Motor Company— firmaba un memorándum que implantaba, en toda la fábrica Ford de Highland Park (Michigan, Estados Unidos), la semana laboral de 40 horas. Pocos meses antes (1 de mayo de 1926), había implantado esta medida en el departamento administrativo de la fábrica y, posteriormente, ampliaría su vigencia a otros equipos de trabajo de la misma fábrica. El 25 de septiembre de 1926, firmaba el memorándum que implantaba aquella medida a la totalidad de los trabajadores de la fábrica.
Aquella medida perseguía mejorar el rendimiento de los trabajadores de la fábrica en un escenario general de crisis que había provocado una fuerte caída de ventas. Y también perseguía no solo mantener, sino también reclutar, a los mejores mecánicos de la zona. Es decir, tener en nómina a la gente más cualificada. Esta medida se inspiraba en una experiencia anterior de 1914, cuando Henry Ford había pasado a pagar 5 dólares diarios a sus trabajadores de la cadena de montaje (el salario más alto que se pagaba a un trabajador del sector del automóvil en el continente americano, y que habría motivado a los empleados a producir de forma más inteligente y comprometida).
En este caso, Henry Ford impulsó e implantó una jornada de ocho horas diarias y de cinco días a la semana (40 horas semanales). Y el resultado, de nuevo, fue excelente. Con esta medida, estimuló enormemente la productividad de su masa laboral, que se reflejaría en la producción del modelo Ford T —que se fabricaba desde 1908— y que se convertiría en el modelo más vendido de la marca (lo fue, incluso, después de que la empresa lo hubiera retirado de la cadena de montaje y del mercado, en 1927), y en el automóvil más vendido del mundo durante casi medio siglo (hasta que, en 1972, el Volkswagen Beetle lo superó).