El fracaso del candidato republicano Kevin McCarthy en las cinco votaciones consecutivas para lograr su nominación para la presidencia de la Cámara de Representantes, pese a que los republicanos tienen mayoría absoluta, en lo que es ocupar la tercera autoridad del país, supone el caos que ha instaurado el expresidente Donald Trump en el seno del partido y por extensión en la política norteamericana. Un siglo hacía que no se producía una situación como la actual en que una veintena de parlamentarios díscolos y de ideología ultraconservadora han puesto en jaque la cámara legislativa, impidiendo su constitución desde el pasado martes y después de un fracaso tras otro en las votaciones que se han ido produciendo.

El candidato republicano tiene en teoría y tras las elecciones del pasado noviembre, un total de 221 representantes, frente a los 212 votos con que cuenta el candidato demócrata, Hakeem Jeffries, congresista por Nueva York. No tendría que haber, por tanto, problema alguno. Sin embargo, los 221 han quedado en 201, 202 o 203 según las votaciones y, en consecuencia, por detrás del candidato demócrata. Habida cuenta de que la elección debe ser por mayoría absoluta, la situación presente es de bloqueo, algo absolutamente inusual en un régimen electoral claramente bipartidista como el norteamericano y donde no hay chance para una situación diferente a un ganador y un perdedor.

Aunque Trump ha apelado, finalmente, al sector más derechista de los republicanos a que voten a McCarthy y zanjen la anómala situación, esto aún no se ha producido. El aspirante, líder de la minoría de la Cámara de Representantes entre 2019 y 2023 y electo por California, tampoco ha realizado ningún movimiento para retirar su candidatura. Hay que confiar en que en un momento u otro se alcance una solución y la situación se desbloquee. Pero lo más preocupante es que el populismo de Trump, el auge de las posiciones extremistas, la creciente polarización del país y la situación interna del Partido Republicano están convirtiendo la política en Estados Unidos en un lodazal con las enormes consecuencias que eso puede acabar teniendo más allá de las fronteras de Estados Unidos.

Todo ello, en un momento en que Trump tiene por delante una situación tan anómala en un expresidente, como haber sido acusado por un comité del Congreso de Estados Unidos de provocar un intento de golpe de estado en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Amén de numerosos casos relacionados con problemas fiscales relacionados con sus empresas y con su situación personal por falta de pago de impuestos durante más de dos décadas. Son, por tanto, los problemas de Trump los que hacen aún más difícil la vuelta a una situación de normalidad en la política norteamericana, ya que es la propia tensión y polarización la que le da alguna oportunidad de poder renacer un día de sus cenizas.