La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) acaba de hacer público un informe en el que Barcelona aparece como la sexta ciudad más sucia de España, bajando once puntos respecto al anterior ranking, realizado en 2019. En concreto, su puntuación es de 40 respecto a un total de 100, habiendo perdido en estos últimos cuatro años -los del segundo mandato de Ada Colau- 11 puntos. Según la OCU, por detrás de Barcelona solo quedan Palma de Mallorca (35), Alacant (37), Sevilla (38), San Sebastián de los Reyes (38) y Las Palmas de Gran Canarias (39). Tan solo Logroño ha caído más puntos desde 2019, han sido 12, aunque en su puntuación aún conserva un sólido aprobado con 62 puntos.
Una situación similar se produce con la seguridad de la capital catalana, considerada por los barceloneses como su principal problema. La proliferación de datos ofrecidos por el ayuntamiento argumentando que es más una sensación que una realidad y las campañas realizadas para revertir esta situación, no han resuelto la disyuntiva y los barceloneses están muy convencidos que viven en una ciudad insegura.
Lo más curioso del caso es como se hacen, por parte de los que han gestionado estas áreas estos últimos años, muchos más esfuerzos para negar esta realidad que para solucionar el problema, y sus responsables pasan de puntillas llevando el debate a temas mucho más banales o exclusivamente ideológicos. Nada de ello obvia lógicamente la preocupación ciudadana y todo apunta que va a estar muy presente en las cuatro semanas que faltan hasta el próximo 28 de mayo.
Porque lo cierto es que la campaña ya ha entrado en verdadera ebullición, aunque oficialmente no se dará el pistoletazo de salida hasta el viernes día 12. Esta semana que acaba hemos celebrado los dos primeros actos con los alcaldables del PSC, Jaume Collboni, y Xavier Trias, encabezando una coalición con Junts, PDeCAT y Demòcrates, entre otros. El 9 de mayo será el turno en el CaixaForum Macaya de Ernest Maragall, candidato de Esquerra Republicana. Tan solo Ada Colau se ha negado a debatir con los lectores del diario y ha rechazado la invitación formulada desde hace tiempo.
A medida que se entra en esta recta final, se visualiza que la idea fuerza es la del cambio, ya que todos los candidatos, menos Colau, se la quieren apropiar. Liderazgo ante el cambio, seguridad y limpieza emergen en estos momentos como las tres grandes carpetas para el 28-M. El más convincente será, seguramente, el que se acabe llevando el gato al agua.