Unos 500.000 vehículos han abandonado el área metropolitana de Barcelona entre la tarde del viernes y la mañana de este sábado en el gran éxodo prenavideño, al ser festivo el lunes (día de la Constitución) y el miércoles (día de la Inmaculada). En total, cinco días festivos tan solo quince días antes de las fiestas navideñas y un auténtico test de estrés en plena sexta ola y en un momento en que los contagios por covid-19 siguen al alza, los contagios están por encima de los 3.000, la incidencia acumulada escala hasta casi los 300 casos cada 100.000 habitantes y el índice de positividad se eleva hasta el 6,7%, una cifra en la que la OMS considera que la pandemia está fuera de control al superar el 5%.
Contrastan estas cifras con la huida masiva hacia segundas residencias, estaciones de esquí o, simplemente, hacia destinos fuera del área metropolitana de Barcelona. En muchos casos, horas y horas de cola certifican la necesidad de una parte muy significativa de la población catalana de plantearse la actual fase de la pandemia con una actitud mucho más laxa que en situaciones anteriores, debido, seguramente, a la creencia generalizada de que la importante tasa de población vacunada con las dos dosis supone una protección mayor a la que en realidad es.
Las carreteras de acceso a la Cerdanya, el Berguedà, la Vall d'Aran, el Solsonès, el Pallars Sobirà, Ripollès o Andorra —donde nunca habían tenido desde el inicio de la pandemia tantos casos activos como ahora— registraban estas últimas horas movilidades previas a la pandemia y unas ocupaciones hoteleras más que significativas. Lo mismo pasa con las reservas confirmadas para las fiestas navideñas.
Las advertencias de las autoridades sanitarias no parecen haber tenido un gran impacto a la vista de las imágenes de estaciones de esquí o de centros comerciales. Tampoco la insistencia de los investigadores médicos reclamando al Govern que subvencione para que sean casi gratuitas las máscaras FFP2 y los test de antígenos, convertidos en estas últimas fechas en la prueba más rápida y fiable en las reuniones multitudinarias para detectar infectados entre los vacunados.
Un último apunte relacionado con el Puente de la Purísima. En 2011, el gobierno de Mariano Rajoy exploró y descartó eliminar este tipo de puentes —o más bien acueductos— que tienen poca justificación, por no decir ninguna. La oposición radical del sector relacionado con el turismo masivo puso el grito en el cielo y nunca más se habló de ello. Lo cierto es que no tiene lógica alguna por más que haya sectores que se beneficien. Valdría más distribuir estos días o juntarlos al fin de semana como hacen otros países con fechas que no son Navidad o el 1 de enero. Alguien deberá volvérselo a plantear y acabar con una circunstancia tan pintoresca.