La gente de ciudad, mucho más la de la capital del país, suele mirar a los payeses como una cosa casi folclórica. Les gusta ir a las granjas de visita con la mainada a ver animales, comprar productos kilómetro cero y hacerse fotos con el móvil para pasar a sus amistades por WhatsApp o por cualquier otra red social. Pero los payeses que, al menos, han conseguido algo tan elemental como volver a la histórica conselleria de Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació, acabando con aquella estupidez tan rimbombante de conselleria de Acció Climàtica, Alimentació i Agenda Rural, siguen siendo el patito feo de nuestra sociedad urbanita, que se llena la boca a la hora de hablar de productos ecológicos y de proximidad y compra, al mismo tiempo, cerezas de Sudáfrica en los mercados municipales de la capital estos días.

Pues bien, al cumplirse dos años de la masiva protesta en que movilizaron alrededor de 2.000 tractores en la capital catalana, una imagen reivindicativa, claro está, pero sobre todo un grito de alarma de un sector que, si no lo remediamos, acabará en extinción, han querido volver al centro de Barcelona. Han salido del Bages, el Berguedà, Osona, Girona, Tarragona, las Terres de l'Ebre y algunos puntos del área metropolitana de Barcelona, como Molins de Rei o Granollers, con sus tractores y su problemática, claro está. Pasarán la noche frente al Departament d'Agricultura y quieren acercar sus reivindicaciones a la ciudadanía. Agricultores y ganaderos de toda Catalunya buscan un imposible: una mayor sensibilización ciudadana ante su problemática, con especial hincapié en su oposición al acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur (Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay). 

El abandono de las tierras agrícolas en Catalunya, ligado al envejecimiento de los payeses y la falta de relevo generacional, está acelerando la desertización y degradación ambiental de diversas zonas rurales

Es la antesala de lo que va a ser, no hay duda alguna, un drama económico y social para los agricultores y ganaderos, ya que es una amenaza directa a su supervivencia porque fomenta la competencia desleal al imponer normas estrictas a los productores europeos mientras se facilita la entrada de productos más baratos y, por tanto, la competencia desleal. No solo eso, sino que se genera una asimetría en normas fitosanitarias, al permitirse importar productos cultivados con pesticidas y productos fitosanitarios que están prohibidos dentro de la UE; tiene un evidente impacto en la ganadería, sobre todo en el sector cárnico, especialmente el vacuno, ante la previsible invasión de carne sudamericana con menores estándares de producción; y acaba premiando y dejando a un lado años de lucha por introducir conceptos como la preocupación medioambiental y la sostenibilidad, ya que se importarán productos de regiones asociadas a la deforestación, contradiciendo las propias políticas ecológicas de la UE.

No es este el punto de vista de Bruselas, donde la Comisión Europea y sectores exportadores sostienen que fortalecerá la posición geopolítica de la UE, reducirá aranceles para otros sectores (como la automoción) y estimulará el comercio. La experiencia del pasado nos lleva a pensar que acabarán teniendo razón los payeses y los ganaderos, no Bruselas. Los primeros se arruinarán o pasarán más dificultades que en la actualidad y la Comisión se lavará las manos cuando vea que el sector primario se ha hecho un poco más pequeño y bastante más frágil. Solo hace falta ver la evolución de los últimos cincuenta, cuarenta, treinta, veinte o diez años para no tener ninguna duda. El abandono de las tierras agrícolas en Catalunya, ligado al envejecimiento de los payeses y la falta de relevo generacional, está acelerando la desertización y degradación ambiental de diversas zonas rurales. Podría hablar del Alt Urgell, que es la que más conozco, pero es un mal generalizado en áreas del interior, el Pirineo y Tarragona. Tristemente generalizado.

El problema es siempre el mismo: los payeses van a la cola de los problemas. Más en un momento en que el país parece estar despertando de una especie de pesadilla: infraestructuras y Rodalies peor que nunca y anuncios de huelga entre el personal educativo y entre los facultativos médicos. Muchas carpetas que necesitan inversiones multimillonarias y una independencia económica que lamentablemente no tenemos.