Ha llegado la hora de la verdad. El movimiento independentista, que tiene su expresión política en el Govern de la Generalitat, se juega en las próximas 41 horas si se rompe definitivamente en mil pedazos o si se inicia un período de recomposición, que nunca será fácil, para rejuntar las piezas de un puzle que permita no quebrar de manera irreversible el trayecto iniciado en 2012. Los argumentos son, a estas alturas, de sobras conocidos, ya que aunque han sido pocas horas desde que la consulta a la militancia fue convocada por la comisión ejecutiva de Junts el pasado jueves 29 de septiembre, y la pregunta anunciada lunes día 3, las posiciones se puede decir que están bastante claras: la presidenta del partido Laura Borràs ha liderado la campaña por salir del Govern por los incumplimientos de Esquerra y los consellers Jaume Giró y Victòria Alsina han sido la punta de lanza para mantenerse, como el mejor camino para defender la independencia.
A partir de aquí, el secretario general Jordi Turull ha respetado la indicación dada por la sindicatura electoral pidiendo que no hubiera pronunciamiento de los cargos unipersonales y el president Carles Puigdemont ha hecho un hilo de tuits defendiendo la salud democrática del partido por el hecho de pedir la opinión de la militancia en una decisión tan trascendental, sin pronunciarse. Como es normal, la convulsión en el seno del partido no ha sido menor, ya que al ser la cuestión tan trascendental ha tensionado grupos parlamentarios, federaciones, agrupaciones comarcales e incluso locales. Algo que ha sido evidente en numerosas asambleas de militantes que se han producido, cuyo resultado ha sido dispar, pero que permite adivinar un cierto equilibrio de fuerzas, siempre muy pendientes de la movilización final que cada sector pueda arrastrar.
Lo cierto es que ante la incerteza del resultado, los dos partidos del Govern se preparan para cualquier escenario. Junts, para quedarse con consellers nuevos en el Govern —tres de ellos están probablemente fuera: además del cesado vicepresident Jordi Puigneró, el conseller de Salut, Josep Maria Argimón, para irse a la lista de Barcelona, y la consellera de Universitats, Gemma Geis, con muchos números de que su futuro político se encamine hacia la candidatura municipal de Girona— y también para salir, como verbalizó el conseller Giró, anunciando que si ganaba el No, el lunes recogería sus cosas del despacho. Pero también este ejercicio lo hace Esquerra Republicana, que acabará siendo la que tendrá que presentar nuevos consellers y todo un cartapacio de altos cargos, si Junts abandona el Govern y se encuentra teniendo en sus manos todo el poder del gobierno de Catalunya.
Para esta eventualidad, también Esquerra afirma estar preparada pero, puertas a fuera, todo el mundo reconoce que es algo muy goloso pero de digestión también complicada. De ahí, quizás, el gesto del president Aragonès, en las horas previas a la votación, de que tiene voluntad de encarrilar las tres propuestas de Junts que son el detonante de la crisis y la consulta a la militancia, e, incluso, al referirse a una de ellas, la coordinación de los grupos parlamentarios en Madrid en aquellas cuestiones que afectan al Govern, señaló dirigiéndose a Junts: "Ya pueden contar con ello". Aragonès llega tarde a tender la mano, pero es una puerta a que esa hipotética negociación solo se podrá hacer desde el Govern si la militancia se pronuncia por seguir y volverlo a intentar.
En cualquier caso, 6.465 militantes son los llamados a decidir no solo una decisión trascendental para el partido, sino también para Catalunya, ya que es absolutamente excepcional y nuevo que la decisión de quedarse o salir del gobierno se haya llevado a las bases. El resultado, el viernes a las 17 horas.