Con la convocatoria de elecciones a la presidencia del Fútbol Club Barcelona y la renuncia de Jan Laporta para volverse a presentar al cargo durante los próximos cinco años, se cierra oficialmente una etapa que ha durado desde el 17 de marzo de 2021. Cinco años, que son un período suficientemente largo para valorar la gestión de un viejo conocido blaugrana, ya que había ocupado la presidencia entre los años 2003 y 2010, una etapa en la que el club ganó dos Champions (París 2006 y Roma 2009). Este quinquenio entre 2021 y 2026 es mucho más difícil e injusto valorarlo por los títulos conseguidos, ya que lo que se encontró Laporta en su retorno a la presidencia fue un solar: no había una plantilla en condiciones de competir, no había proyecto deportivo para aspirar a títulos, los acreedores esperaban hacerse con el club y empezar a transformarlo en sociedad anónomia y el estadio se caía a trozos aunque parecía un suicidio en aquellas condiciones abordar una obra tan faraónica como la construcción de un nuevo Camp Nou.
El resultado de aquellas elecciones, en las que Laporta obtuvo el 54,28% de los votos emitidos, por delante de Víctor Font y Toni Freixa, que alcanzaron el 29,99% y el 8,58% de los votos, respectivamente, marcó inequívocamente la voluntad del socio: un candidato que tuviera manos libres para abordar la complejidad y los retos del momento y que tuviera capacidad de liderazgo y ambición para devolver al club a las mejores épocas de su historia. Y se puede afirmar que el socio no se equivocó. Hoy el club está infinitamente mejor en todas las áreas y, como ya demostró la temporada pasada, cuando conquistó la Liga, Copa del Rey y Supercopa de España —tan solo se le escapó la Champions, donde cayó injustamente en semifinales frente al Inter de Milán—. Está en condiciones de aspirar a todos los títulos. De los 18 últimos partidos, tan solo ha perdido uno —aquel disputado en Anoeta donde la Real Sociedad ganó por 3 a 2 después de que cinco balones se estrellaran en los postes—; ocupa la primera posición en la Liga, está en semifinales de la Copa del Rey y se ha clasificado en el grupo de ocho equipos que se clasifican directamente para los octavos de final, a diferencia de Real Madrid o Atlético de Madrid, que han de jugar la fase de dieciseisavos.
Este quinquenio entre 2021 y 2026 es mucho más difícil e injusto valorarlo por los títulos conseguidos, ya que lo que se encontró Laporta en su retorno a la presidencia fue un solar
Pero más allá de los resultados, siempre importantes en un club de fútbol, el valor de mercado de la plantilla del FC Barcelona para la temporada 2025/26 se sitúa por encima de los 1.000 millones de euros, con estimaciones que la sitúan alrededor de 1.110 millones de euros. Con una edad media de 25.7 años, el equipo cuenta con una fuerte valoración en centrocampistas y delanteros, destacando jugadores jóvenes con altos valores de mercado. Y, como sucede siempre en estos casos y ha pasado siempre en el Barça, antes con Pep Guardiola, Luis Enrique o el propio Johan Cruyff, al frente del grupo un carismático entrenador como Hansi Flick y un director deportivo como Deco, al que muchos cuestionan desde la ignorancia, pero que juega un papel de rótula con el entrenador similar al que en el pasado realizó el vasco Txiki Begiristain. La reelección de Laporta asegura la continuidad de Flick; los aspirantes, más allá de declaraciones de amor al entrenador alemán, tendrían que buscarse otro coach para dirigir el club. Sobre eso hay pocas dudas.
Finalmente, está el tema del nuevo estadio, que, aunque está en una fase muy avanzada, no estará completamente finalizado hasta 2027. En poco tiempo, debería ser cuestión de días o de pocas semanas; el Barça debería obtener la licencia 1C del Spotify Camp Nou, que permitirá aumentar el aforo a más de 62.000 espectadores con la reapertura del Gol Nord. Se antoja hoy difícil que, para el día de la celebración de los comicios, que el Barça juega con el Sevilla, después de numerosos retrasos, la licencia no haya sido concedida. Con esa capacidad, se abordaría la finalización de la tercera gradería y el techo del campo. Es evidente que, cuando se adoptó la decisión de construcción del nuevo estadio, no era una decisión ni unánime, ni fácil, ni mucho menos cómoda. Hoy dudo que haya barcelonistas que se arrepientan del paso dado y la mirada a futuro es muy esperanzadora.
Las elecciones del 15 de marzo han de validar fundamentalmente esto: ¿Se han hecho las cosas bien? ¿Se han revertido los negros nubarrones que amenazaban la independencia y el futuro del club? En definitiva, ¿se está en el buen camino? De eso van los comicios y lo demás, sinceramente, es humo.
