Las declaraciones de la presidenta de TMB y concejala de Movilidad del Ayuntamiento de Barcelona, Mercedes Vidal, comparando el salario superior a 100.000 euros de los directivos de la compañía municipal del transporte de la capital catalana con el que perciben, en otras ciudades europeas, los mismos ejecutivos, tienen dos grandes problemas. El primero es la opacidad con la que se ha comportado la compañía hasta la fecha, que ha publicado los salarios en el portal de transparencia de la empresa casi al límite de lo que estaba obligada. Sacar pecho por su publicación cuando has estado meses y meses mirando como podías esquivar la legislación de la ley de Transparencia para no darlas a conocer a la opinión pública es, simplemente, una desvergüenza.
En segundo lugar está la cantidad que, ciertamente, no es desorbitada en el sector y, como dice Vidal, en Londres los salarios de los directivos del transporte urbano o metropolitano son superiores a 150.000 libras. Sin embargo, la concejala, que ocupaba el número nueve en la candidatura de Ada Colau y se integró en Barcelona en Comú procedente de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) sabe perfectamente la batalla que hicieron como formación política antes de las elecciones municipales con los salarios del Ayuntamiento de Barcelona: concejales, gerentes, directivos, etc. Cierto que una cosa es predicar y otra dar trigo, pero, por ejemplo, en las elecciones municipales para decidir quien era el nuevo alcalde de Londres no hubo un debate encarnizado sobre los salarios de los directivos públicos y, en consecuencia, el laborista Sadiq Khan no se ha visto obligado a ello cuando sustituyó al conservador y euroescéptico Boris Johnson el pasado mes de mayo.
Por no entrar en un tema no menor y sobre el que se ha puesto poco el acento como es la idoneidad del perfil del directivo de Transportes Metropolitanos de Barcelona y que casualmente en la actualidad es ocupado en un 25% por antiguos altos cargos del PSC –con algún ex alcalde incluido, por cierto– y de la formación política de ICV-EUiA. Al final, no es otra cosa que una cierta puerta giratoria. Eso sí, pública y no privada. Algo que siendo quizás más habitual en otras formaciones, no deja de ser extraño que hagan lo mismo aquellos que lo están denunciando permanentemente.