Un día, hace ya varios años, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, confesó entre resignado y despreocupado: "Cristóbal (Montoro) es como es. Siempre acaba haciendo lo que quiere". El ministro de Hacienda acababa de incumplir un acuerdo que el jefe del Ejecutivo había acordado con el entonces president de la Generalitat, Artur Mas, respecto al techo de déficit de la administración catalana. Así, el conseller d'Economia de la época, Andreu Mas-Colell, regresó a Barcelona con las manos vacías igual que había salido.

Explico la anécdota, que viví en primera persona y que define muy bien cómo actúa el reaparecido Montoro. El ministro de Hacienda, que ha pasado unos meses marchito porque no estaba claro si iba a continuar en el Ejecutivo, reapareció este miércoles a su manera, anunciando que le había gustado tanto el impuesto sobre bebidas azucaradas incorporado por el Govern catalán a los presupuestos que lo iba a impulsar para toda España. No deja de ser sorprendente por varios motivos: en cinco años como ministro no lo ha considerado necesario y, además, el PP catalán, obsesionado como está por poner las máximas medallas a la CUP de cualquier decisión del Govern, les había criticado por lo que tenía de cesión a la formación anticapitalista.

Pero eso era hace unos días, cuando aún no había proyecto de presupuestos. Con estos presentados se trata de que la Generalitat no pueda recaudarlos y los 31 millones que figuraban como nuevos ingresos para el 2017 se han esfumado. Realmente, esto de la Operación Diálogo es muy cansino. Más valdría que se pusieran de acuerdo, fueran a una y dejaran de emitir señales de humo porque si no corren el riesgo de acabar quemándose. Veremos cómo explica en las próximas horas la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría la actitud de Montoro, aunque se hace muy difícil pensar que juegan en el mismo equipo. No es extraño entonces que se vivan permanentemente escenas como la de este miércoles y que, en el fondo, no es más que un deseo de querer marcar perfil propio.

Quizás así podamos hacernos una idea de por qué se ha aplazado la Conferencia de Presidentes autonómicos y que no se deba tanto a la presencia o no de Carles Puigdemont sino a un importante desbarajuste entre presidentes del PSOE y del PP. En estos casos, lo más fácil, es tirar de manual: patada hacia adelante y ya se celebrará en enero. Genial.