Cuando aún no se cumple una semana de su llegada a Downing Street como primera ministra británica, la conservadora Theresa May ha viajado a Escocia para abordar con su primera ministra, la independentista Nicola Sturgeon, la difícil posición en que ha quedado el Reino Unido después del referéndum de salida de la Unión Europea y el triunfo del Brexit. También su compleja gestión interior, con los escoceses planteando abiertamente un segundo referéndum de independencia para abandonar el Reino Unido y así poder permanecer en la UE.

May y Sturgeon se mantuvieron firmes en sus posiciones, y es normal que fuera así, ya que la política no se trata en ningún caso de ceder a las primeras de cambio. Pero por encima de las diferencias y de lo que digan o dejen de decir, las lideresas se reunieron. Y no en terreno neutral ni a escondidas. En Edimburgo, la capital de Escocia. Theresa May viajó a la sede del gobierno, en Crown St. Andrew's House.

Ningún presidente del gobierno español en activo ha querido mantener una reunión de trabajo en el Palau de la Generalitat desde la restauración de la autonomía en 1977, y cuando han acudido a la sede del gobierno catalán ha sido para temas muy colaterales, como la visita que hizo, en 1981, Leopoldo Calvo-Sotelo con motivo de la celebración en Barcelona de la semana de las Fuerzas Armadas o, en 1988, Felipe González para presidir el cortejo fúnebre de Josep Tarradellas, que hizo a pie el trayecto entre la plaza de Sant Jaume y la catedral.

Siendo eso ya de por sí grave, desde septiembre del 2012, en que se puso en marcha en Catalunya el proceso independentista, los puentes de diálogo se rompieron y, como estamos conociendo estas semanas, fueron sustituidos por diversas 'Operación Catalunya' para desacreditar a los líderes independentistas políticos y sociales.

Quizás sí que las diferencias entre Escocia y Catalunya sean muchas. Pero eso no es en realidad el problema. Las verdaderas, las auténticas diferencias son entre el Reino Unido y España. Entre una manera de hacer política y otra manera de ir haciendo. O sea, no haciendo nada.