La decisión del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de emitir un informe favorable sobre la renovación de autorización de la explotación de la central nuclear de Almaraz, en Cáceres, permite superar el impasse que existía, ya que salta uno de los principales para alargar su vida útil más allá de 2030. La noticia es muy importante para Catalunya porque el calendario actual empezaba a entrar en una zona peligrosa: el cese definitivo de explotación de Ascó I finaliza en octubre de 2030; el de Ascó II, en septiembre de 2032, y el de Vandellòs II, en julio de 2030. Aunque su calendario oficial de cierre se extiende hasta 2035.
La prolongación de la actividad de las tres centrales nucleares catalanas es clave para el país, ya que producen el 60 % de la electricidad que se consume en Catalunya y la competitividad de la economía catalana va íntimamente ligada a la prolongación de la actividad en Ascó I, Ascó II y Vandellòs II. Tanto es así que está fuera de cualquier análisis realista que pueda haber una transición energética sin la energía que proviene de las centrales nucleares, por motivos muy diferentes, entre ellos el aumento inmediato del precio de la factura de la luz, que provocaría, según cálculos que se han realizado, un aumento del 23 %. A ello hay que sumar que aumentaría el riesgo de inestabilidad, algo que se tendría que evitar después del gran apagón de abril de 2025. Razones técnicas, en consecuencia, para su cierre no existen y, al revés, la pelota está en el mundo de la política.
Porque, al final, el Ministerio para la Transición Ecológica va a ser el que tenga que emitir una resolución vinculante, teniendo en cuenta el dictamen del regulador y sus implicaciones para el conjunto del sistema eléctrico. Es decir, podríamos necesitar como país una cosa y el Gobierno adoptar la decisión contraria por ideología. Llegados a este punto, valdría la pena hacer una serie de consideraciones: solo desde una visión antigua, contraria al progreso económico y deformada de las necesidades del país se puede seguir defendiendo que el camino correcto es mantener el calendario previsto de las centrales nucleares. En los últimos años han sucedido suficientes cosas, como la guerra de Ucrania, sin ir más lejos, para no querer quedar expuestos, y nos acabaría forzando a importar más gas natural de terceros países o a una mayor dependencia de las interconexiones eléctricas con Francia o Marruecos.
En Catalunya, el debate, si no se politiza, debería estar superado, ya que el bloque que defiende la continuidad de Ascó I, Ascó II y Vandellòs II es transversal y mayoritariamente muy amplio en el Parlament
Así lo han entendido otros países europeos que han frenado sus planes de cierre nuclear y se está produciendo justamente lo contrario: un fenómeno de renacimiento nuclear. Han dado marcha atrás Bélgica (ha frenado su apagón nuclear total), Italia (pese a prohibirla en el pasado mediante referéndum, ha presentado proyectos legislativos para instalar reactores avanzados) y Suecia (40 años después de abandonar la energía nuclear, plantea la construcción de tres reactores) en un giro total de 180 grados. Es de sobra conocida la apuesta de Francia por esta energía, y países como Polonia, Países Bajos y República Checa, que no la utilizaban, han aprobado planes multimillonarios para construir sus primeras centrales nucleares de gran tamaño. Queda Alemania, donde se completó el apagón nuclear y ahora hay un intenso debate, ya que ha disparado el precio de la luz cinco veces por encima de los de Francia y ha afectado negativamente a su crecimiento económico.
En Catalunya, el debate, si no se politiza, debería estar superado, ya que el bloque que defiende la continuidad de Ascó I, Ascó II y Vandellòs II es transversal y mayoritariamente muy amplio en el Parlament. Por eso es bueno zanjar el debate cuanto antes y remar todos en la misma dirección sin sumarse a falsas demagogias, muchas de ellas del siglo pasado.